¡Aláh lo olvide! blasfemé, escupiendo
Al cielo sin piedad para los Árabes:
Y allí tendido, ahogado bajo el peso
De los que sobre mí cayendo iban,
Y recibiendo en mi lugar la muerte,
Á quien en vano á veces invocaba,
Vi caer á Aly-Athár, bajo el mandoble
De Don Alonso. Con la frente hendida
Á un tajo de su brazo formidable
Cayó, más sin soltar la cimitarra,