Prodigios hace de valor humano,

La fuerza de su sino le atropella.

Persuadido por fin de que era inútil

Ya su obstinada resistencia, tu hijo

Arrojándose al agua, á su corriente

Se abandonó: mis ojos le siguieron

Con indecible afán: le vi alejarse:

Le vi tocar en la ribera opuesta,

Vi caer su caballo moribundo,

Y le vi vacilante de fatiga