De angustia el corazón... pasó una nube

De sangre ante mis ojos y, en la arena

Caer dejando la cabeza inerte,

Que para verle alcé, me eché sin pena

En los brazos del ángel de la muerte.»

Calló Kaleb y, el rostro con las manos

Cubriéndose, lloró. Torva, sombría,

La Sultana clavó sus negros ojos

En el suelo, las lágrimas apenas

Pudiendo contener que en las pupilas