Libre también á mí. Tendí mis miembros

Entumecidos y probé mis fuerzas.

Al movimiento que hice, vi los ojos

De un Árabe tendido en mí fijarse.

Era el valiente Ben-Osmín; el pecho

Tenía atravesado por un dardo

Que no pudo sacarse, y expiraba

Con el valor sereno de los héroes.

Me conoció, y al verme en pie llamóme:

«Toma (me dijo el infeliz), si vives