»Y vuelves á Granada, da esa trenza
»De sus cabellos á Jarifa, y dila
»Que es mi sangre la sangre en que empapada
»Se la envío, y que ya no espere verme
»Sino en el Paraíso;» y alargándome
La trenza con la mano ensangrentada,
«Toma,» me dijo, y se tendió, cerrando
Los ojos para siempre. Apoderarme
Logró al fin de un caballo sin jinete,
Y echando por lo espeso de la sierra,