Al rudo afán que el corazón le aqueja,

Y al pie de su ventana un ballestero

Vigila en el adarve, murmurando

La estrofa de un cantar de cuando en cuando.

Mas no es tan sólo al campo á lo que mira,

Sin duda, el melancólico cautivo;

Ni es para la aflicción con que suspira

La libertad el solo lenitivo.

Lo que espera no es, ni á lo que aspira,

Seña exterior, ni á verse fugitivo: