Aún no se le ha borrado de la mente
Á Muley el amor sincero, ardiente,
De Aixa, su legítima sultana,
Altanera como él, como él prudente,
Venerada como él entre la gente
Por su pura real sangre africana:
Y aún se le acuerda el popular disgusto
Con que vió el Moro su desdén injusto
Por ella y su pasión por la cristiana.
¿Y quién sabe si el astro que preside