La raza de Jesús adoradora,

Condenada creyéndose en el Cielo

Á partir con el Árabe su suelo.

Clara, constante, perceptible y bella,

Mostró el Señor al ánimo cristiano

Su refulgente y protectora estrella

Bajo la forma real de un sér humano;

Lábaro santo de victoria en ella

Recibió al recibirla el castellano,

Y, al ver la aureola que en su frente brilla,