fundado al pié de un monte, y vagamente
la memoria de un templo, con su coro
enverjado, sus techos con pinturas,
su altar lleno de flores, su sagrario
iluminado con mecheros de oro;
el recuerdo tambien, porque la daban
miedo aquellas inmóviles figuras
de mármol que tendidas reposaban
encima de sus anchas sepulturas,
es preciso habérsele visto y oido hacer y decir á Matilde; la creciente angustia del juez ante el tremendo exclarecedor relato de la ingénua y enamorada doncella... es preciso habérsela visto representar á Barroso en la noche del estreno; pero la escena novena volvió, no á enfriar, pero sí á descolorar la representacion.