Y aunque la ilacion se quiebre,
lo que no apruebo y resisto
es el mal gusto de Cristo
de nacer en un pesebre.
Y continuó su descripcion de la Noche-Buena con tanta imperturbabilidad suya como estupefaccion del auditorio.
Fué el amigo más consecuente de José Fernandez de la Vega, el fundador del Liceo, mal recompensado por todos los á quienes hizo hombres con el establecimiento de tan única y brillante sociedad. El Gobierno no supo dar á Vega más que el Gobierno de una provincia de tercer órden; y Paco Elipe fué el más fiel amigo de aquel á quien tantos faltaron.
Pero de Paco Elipe haré más larga y justa mencion más adelante, porque espero en Dios que me dará tiempo de hacerle una visita en su palacio solariego de Manzanares: y ocasion de hallar en él materia para más curioso relato.
Con este mi tercer compañero de viaje almorcé en Ocaña, en un parador nuevo, en una mesa muy limpia y enflorada, servida por dos buenas mozas de diez y ocho y veinte años, de trigueña tez, boca sensual y risueña, grandes, negros y retozones ojos, moño de picaporte con zorongo de largos cabos, y robustez muy mal disimulada en sus ceñidos corpiños, y sus estrechos y cortos guarda-pieses.
El conductor nos presentó á los postres un libro en blanco, en cuyas hojas rogaba la empresa á los viajeros que anotasen las faltas de servicio para corregirlas. Elipe y yo acusamos en ellas, y en unas quintillas, al posadero de hacer servir su mesa por aquellas dos muchachas, que embelesaban á los viandantes para que no comiesen más que ojeadas y sonrisas, productoras para ellas de dobles propinas y de vanas esperanzas para los comensales; y pedíamos á la empresa que, ó suprimiese aquellas dos muchachas, ó que cambiando las horas de salida de sus carruajes, dispusiera que los viajeros no almorzaran, sinó que cenaran y pernoctaran en aquel parador de Ocaña.