Antes de emprender el viaje de Bato á Viga recomiendo al que lo intente haga testamento y se ponga bien con Dios. En cuanto á la forma de locomoción entran todas las conocidas en el país, llegando á algunos puntos, en que el viajero tiene que ayudarse de bejucos tendidos sobre los precipicios, ó las casi verticales estribaciones del gran Cantilamo. Sin la cooperación de aquellos bejucos volantes, y sin la práctica y esfuerzos de los guías indios no habría medio de hacer el viaje de Bato á Viga por tierra. Contando con toda clase de elementos se tarda en esta expedicioncita de recreo diez y seis á veinte horas. Las vertientes del Cantilamo dividen las jurisdicciones de Bato y Viga. La altura del último picacho de este célebre monte es tal, que no hay ninguno de aquellos naturales que no afirme con la mayor ingenuidad que desde allí se oyen en las horas de los altos plenilunios los dulces ecos de las harpas celestiales. Nosotros pasamos por allí en plenilunio bien alto, y aunque varias veces vimos el cielo, y no menos medimos con nuestro cuerpo el suelo, no oímos más música que la producida por el rodar de las piedras en los precipicios, la originada por el despeño de las aguas, y la que arrancaba de nuestros labios el lintianac bicol al caer ó tropezar. Lintianac quiere decir rayo, y es la imprecación más fuerte que conoce el indio.
Viga se llama en bicol á una raíz farinácea de la familia de los gabes que abunda en Catanduanes. Las hojas de esta farinácea son grandísimas sirviendo á los indios de paraguas.
El pueblo que nos ocupa tiene un barrio llamado Napó, contando con el vecindario de este, un total de 2.960 almas de las que tributan 1.378. Se verificaron 118 bautizos, 84 casamientos y 46 defunciones: nos aseguraron que asistían á las escuelas unos 40 niños de ambos sexos. El caserío es todo de materiales ligeros, probando el atraso y pobreza de este pueblo el hecho de no haber chinos radicados.
De Viga á Payo hay un mediano camino, y seguramente como lo pasé bajo la impresión del que habíamos dejado horas antes, me pareció tan superior, que ni el caminito del cielo me lo figuro tan cómodo como el de Viga á Payo. Tardamos en llegar á este pueblo cuatro horas, montando una descomunal calesa tirada por dos buenos jacos.
Payo quiere decir cabeza, y como de estas hay tantas y tan huecas en aquel pueblo, no sabemos el punto facial de arranque de aquella etimología.
De Payo dependen nueve barrios componiendo un total de población de 1.972 almas de las que tributan 891. Se registraron 61 bautizos, 26 casamientos y 22 defunciones: asegurándonos concurrían á las escuelas 25 niños de ambos sexos.
En unas dos horas de camino en carromata hicimos la distancia de Payo á Bagamanot, palabra cuyas raíces baga y manot quieren decir cosa que tiene forma de gallo. Este pueblo tiene por anexo á Payo, y como ya hemos dicho, linda con él y con el de Pandan. Está situado á la orilla del mar, siendo su ensenada, hasta no ha muchos años, uno de los puertos de refugio de las escuadrillas moras. Tiene 417 almas, que con 1.972 que compone su anexo Payo, suman 2.389, de las que tributan 891. Se registraron 47 bautizos, 14 casamientos y 42 defunciones. A las escuelas me dijeron concurren 30 niños de ambos sexos. Payo y Bagamanot son independientes entre si en la administración espiritual y gubernamental, siendo solo anexo el primero del segundo en el orden administrativo. La temperatura que se experimenta en este pueblecito en los meses de Abril á Julio es insufrible, por estar encerrado entre la mar y la cordillera del Malaquio. Produce cera en bastante abundancia, palaí y abacá. La ocupación habitual de aquellos habitantes es la caza de venados y puercos de monte, de cuyas carnes hacen la renombrada tapa, tasajo salado, que se conserva mucho tiempo sin perderse. La tapa de venado bien condimentada es un exquisito manjar.
El viaje de Bagamanot á Pandan, para verificarlo con relativa comodidad, debe hacerse embarcado hasta la visita de Tabobo, y de aquí en hamaca hasta Pandan, no pudiéndose utilizar el caballo por las quebradas y precipicios que tiene el monte Pulipusyan. En esta expedición se invierten de diez á doce horas. Pandan recibe su nombre de un pequeño arbusto así llamado, pródigo en sus campos y semejante en fruto y hojas á la piña. Barrios, propiamente dicho, no tiene Pandan, si bien hay en su jurisdicción diez ó doce agrupaciones de algunas viviendas. El abacá, el arroz, la caza y la ganadería de vacas y carabaos, constituyen la riqueza de este pueblo, que lo forman 2.238 almas, de las que tributan 1.045. Se inscribieron en los libros parroquiales 113 bautizos, 26 casamientos y 32 defunciones. Asistieron á las escuelas 50 niños de ambos sexos.
Caramoran es el último pueblo de los ocho que componen el partido de Catanduanes. Desdentado significa la palabra bicol caramoran, y apropiada está al dar nombre á aquel pueblo asentado entre montes de irregulares cresterías. Lo separa de Pandan cuatro horas de hamaca. El pueblecito que nos ocupa tiene 838 almas, tributando 450. Los bautizos alcanzaron el número de 37, 10 los casamientos y 17 las defunciones; asistieron á las escuelas 20 niños de ambos sexos.
De Pandan, y tras un larguísimo viaje, regresamos al puerto de llegada, ó sea Calolbon, en donde nos embarcamos para Legaspi, cansados de cuerpo y abatidos de espíritu al ver el atraso en que se encuentra la isla de Catanduanes.