Nadie recuerda cuando nació Pepay ni quién la bautizo, pero todos saben es sobrina de su tía.

Tan luego empezó á balbucear en la Cuaresma las dos mil mangas que empiezan con manga Pilatos, y concluyen con manga celestial, Pepay pasó del bullicio de la casa al recogimiento del beaterio. Allí aprendió á leer y escribir, y en estos progresos murió la tía.

La pensión dejo de pagarse. Los herederos de aquella no estuvieron todo lo propicios al reconocimiento del parentesco, y Pepay se encontró en el mundo á los quince años, con una regular figura, unos cuantos conocimientos, un buen deseo y un tanto de malicia, fruta que sazona en todas las corporaciones de gente joven.

Pepay, como todo ser racional de la India, tenía su compadre. Este mantenía un pequeño tráfico naval. Era dueño de unos cuantos cascos; proveía de leña las tahonas de Joló y Gunao; hacía comercio de aceite y palay; contrataba carga y descarga, intervenía en alguna pequeña contrata en el arsenal, y por último, daba dinero á módico precio. Tan heterogéneo comercio encontró una especie de tenedora de libros en la crianza.

En su nueva profesión aprendió Pepay toda la ciencia bursátil: profundizó los productivos misterios que puede encerrar el lamcape de la bullera, el lusong de la pilandera, y las telas de las sinamayeras, oprimidos seres, sujetos en su mayoría á la usura, terrible enemigo del capital.

Con una mediana usura, un cuaderno de cuenta y una regular disposición, en poco tiempo puede hacerse de un peso tres, multiplicación que acabó de comprender Pepay en las complicadas listas de una vecina, cabecilla de mesa de la fábrica de tabacos de Fortín, personaje que, Dios mediante, encontraremos más adelante.

Teniendo Pepay alas propias, principió á volar fuera del círculo de las operaciones ajenas.

Explotó zacatales, y unas veces teniendo aparceros y otras casamas, recorrió en pequeña escala todos los negocios.

En las relaciones de su tráfico tuvo ocasión de tratar con un guapo mestizo, y con él y algunos cuartos dió fondo en los soportales de San Fernando, abriendo al público y á sus muchos amigos una tienda de sinamais y otras telas.

La india industrial difiere de la rica en que aquella tiene actividad por días mientras que á esta constantemente la domina la pereza.