En los cercos de Agaña y en los pueblos limítrofes, como en sus barrios de Anigua, Asang y Tepungang, hemos visto cultivarse algunas hortalizas con buenos resultados. El éxito de la fructificación, sobre todo en pequeñas plantas, es debido sin duda alguna á las magníficas condiciones de su cielo, combinadas con la manera de ser de su suelo. Las alturas de la isla de Guajan, por su aislamiento en medio del Océano, son un punto de atracción al cual afluyen las nubes vertiendo sus aguas los frecuentes chubascos que se forman en aquellas latitudes. La constante al par que pasajera caída de aguas, mezclada con la fuerza de calórico, originan en el suelo un flujo y reflujo de absorciones y emanaciones acuosas, altamente convenientes para la semilla y el tallo. La latente humedad que originan las intermitencias de calórico y agua es sumamente sensible dando las observaciones higrométricas un resultado apenas concebible; humedad que parece imposible no quebrante la salud, lo que se explica únicamente recordando las brisas que refrescan la isla de playa á playa y que moderan la percepción del calórico que marcan los termómetros. La columna del centígrado fluctúa entre los 14 á los 33°, siendo la ordinaria situación la de 22 á 28.

La frecuente caída de aguas tienen en curso una porción de riachuelos que salpican la isla, sobre todo en su parte Sur, que es la más baja. Pueden citarse entre aquellos por la bondad de las aguas que encauzan en un lecho de menuda arena, los nombrados Asang, Margüe, Mazo, Agat, Finili, Talasfac, Bili, Paparguan, Dandan y otros muchos, sobresaliendo entre todos, tanto por la cantidad de agua como por sus permanentes corrientes, los nombrados Tarafofo, Ilic y Pago, los cuales y principalmente el primero merece el nombre de río, pues los demás, atendiendo á su nacimiento y al caudal de sus corrientes, más que ríos son verdaderas vertientes de las cordilleras que accidentan la isla.

De las muchas corrientes de aguas dulces filtradas por las masas de caliza, arena y piedra pomez, elementos que con la greda constituyen el componente del suelo de Guajan, se proveen las necesidades de sus habitantes, los cuales se precaven de las sequías con pozos de estanque, á los cuales se baja por rampas ó escaleras abiertas en la misma materia caliza que forma la base de la isla, según se ve á los pocos golpes de piqueta.

Las hojas que constantemente caen de los árboles forman al mezclarse con la arcilla y la greda el humus, excelente abono, semejante en sus fuertes materias fructificantes al guano de ciertas regiones americanas.

Todo cuanto digamos de la vegetación intertropical será pálido, es preciso verla para comprender su belleza en todo su valor; apropósito de esto, recordaremos lo que ha tiempo decíamos á un amigo querido de la Península. En la vegetación de estas regiones, decíamos, es donde se verifica la alegoría pagana del terrible castigo de Prometeo, ó mejor dicho, donde se admira la magnífica realización de la mitológica fuente Canatos, donde Juno recobraba la virginidad; aquí, añadíamos, la hoja del árbol no cae seca y marchita; aquí se rinde por el tiempo, mas no por falta de lozanía, dejando en su caída, no un tallo seco y mustio, sino una hermosa gemela, heredera de su juventud, de sus brillantes colores, de su pureza y de su jugo.

Esta es la vegetación en el Oriente.

Las masas de hojas que incesantemente arremolinan á su pie la diversidad de árboles, plantas y arbustos, forman en muchos parajes de la isla gran abundancia de humus que se aprovecha convenientemente, por más que se preste á una explotación más viva y positiva que la que se le da en la actualidad.

Sin embargo de las excelencias de la vegetación de Marianas, es de notar la escasez de árboles de grandes proporciones, pudiéndose citar como los únicos susceptibles de dar regulares piezas, el ifil y el palo-maría, figurando en segunda escala el yoga el yagunlago, el fago, el chopag, el puting, el pengua, el balinago y algunos otros, los cuales producen resinas, materias colorantes, cuerdas, aceites, tejidos y hasta mortíferos jugos, que emplean los carolinos para envenenar sus armas.

Los verdaderos árboles de importancia positiva en el día, son la rima y el dug-dug; ambos son de grandes dimensiones, criándose con una prodigalidad y abundancia asombrosa; no requieren gran cuidado, elevándose lo mismo en las grietas de la peña que en los abonados campos del llano.

La fruta de la rima se asemeja al melón, es sana, nutritiva, agradable al paladar y susceptible de larga conservación con solo cocerla y guardarla en lugar seco. A la rima se la conoce con el nombre del árbol del pan, y no se puede dar un calificativo más adecuado y preciso. El fruto del dug-dug es un variante del de la rima, diferenciándose en el tamaño, que es más chico, y en el sabor, en que sobresale el mucho dulce que contienen sus jugos, razón por la que, y por tener la rima materias farináceas mucho más nutritivas que las de aquel, la hacen preferible. Ambos árboles suministran en sus troncos piezas para toda clase de construcciones.