Para completar los productos del suelo, no podemos menos de recordar la variedad de cageles, de los cuales los hay de unas proporciones exorbitantes, siendo dignos de citarse asimismo los algodoneros. De estos últimos se va generalizando su plantación: hemos visto muestras de algodones de Guajan y nos han parecido inmejorables. En la fecha en que escribimos, se espera el resultado de una pequeña exportación de aquel artículo que como prueba se remitió á Barcelona y al Japón. Según datos que hemos podido reunir de colonos del país, pasan de millón y medio de troncos los que hoy existen de algodón, procedentes en su generalidad de semillas importadas de las islas Sandwich; notándose en la plantación de este artículo un aumento notable, puesto que según los estados de la riqueza agrícola de Marianas, hechos el año 1843, por su Gobernador D. Gregorio Santa María, solo había unos 60.000 troncos.

Maíz,palay, mongos, añil, plátanos, piñas, sibucao, abacá, tabaco, resinas, materias colorantes y caña dulce, completan el cuadro de la riqueza de aquellas islas, riqueza que como ya hemos dicho, ni tiene estímulo en su fomento ni en su cultivo, por luchar con los inconvenientes de la distancia, la falta de transacciones y la casi nula exportación, por causa de lo caro del flete y escasez de comunicaciones.

El suelo de Guajan mineralógicamente considerado, presenta poquísima importancia: sin embargo, algunos pozos se han abierto ante la presencia de capas carboníferas de mineral bastante bueno. La explotación minera, aunque desde luego podemos asegurar, sin temor de equivocarnos, teniendo en cuenta la constitución de su suelo que sería casi nula, está circunscrita como todo lo que se refiere á Marianas á ligerísimos ensayos.

Entre la diversidad de animales que se crían en las islas, figura en primer término el venado; el número que de estos se matan al cabo del año, es verdaderamente fabuloso; su carne se aprovecha no solamente en fresco, sino que también, en preparadas salazones, llamadas tapas, de las que se hace mucho consumo.

La vaca, el carabao, la cabra, el jabalí de monte, el casero y el llamado mantequero, abundan bastante en aquellas regiones; habiendo asimismo jabalíes y venados en grandísimo número, en las islas del Norte, principalmente en Agrigan y Saipan, en donde se comprende perfectamente su fomento, teniendo en cuenta lo escaso de la persecución, y los millones de cocos que la falta de beneficio deja en abandono, cayendo de la palma al empuje de otra cosecha, que á su vez caerá como la primera en fuerza de la madurez ó de los fuertes vientos, para servir de alimento á los animales ó para pudrirse con el tiempo y las aguas.

La isla de Pagan creemos podría sujetarse á una productiva especulación, pues son tantísimos los cocales sin beneficio que se crían, que toda la isla es un bosque de aquella palma.

Dicha isla está deshabitada, como todas las demás que se extienden hasta el peñón de las Urracas, y no nos extraña dejen de aprovecharse las magníficas salazones que podrían sacarse de los venados y jabalíes de Saipan, como las miles de pipas de aceite que podrían cosecharse en la de Pagan y el sinnúmero de limones que suministran los bosques de Tinian, puesto que, habrá muy poquísimos mortales que conozcan, no los nombres de aquellas islas, sino siquiera el que existan los expresados centros de riqueza.

Las islas Marianas han sido muy poco visitadas; tanto es así, que un individuo de los más conocedores del Archipiélago, no ha mucho nos aseguraba con gran formalidad, que las formaban tres pequeños islotes. Cuando dicho individuo que se cree una eminencia, y que lleva en el país veinte años, no conoce ni aun el nombre de una de aquellas islas, los demás no están en el caso de saber que hay limones en Tinian, cocos en Pagan, y venados en Saipan.

Cuando hacemos ciertas reflexiones y consideramos algunas eminencias, no podemos menos de recordar una célebre frase de un chispeante escritor: decía este, refiriéndose á un amigo suyo, que el mejor negocio que podía hacerse, sería comprarlo por lo que valía, y luego venderlo por lo que él se creía valer; á ser posible semejante transacción mercantil, la pondríamos en planta en Filipinas, en donde mejor que en parte alguna se habían de encontrar productivas facturas.

Sirva de modelo y aunque de escaleras abajo, la siguiente anécdota: