—Y nosotros, amigo Pardo, volvemos con esto al tema de la cascada.
—Y bien, ¿ha quedado V. convencido de la verdad que encierra aquel tema, ó es de los que creen que las filipinas no aman?
—Creo como V., y en prueba de ello, le ruego que me entregue el autógrafo de la leyenda que nos contó en la cascada. Sacaré una copia, y le prometo que en el primer libro que escriba la publicaré, haciéndome solidario de las ideas que encierra.
Los últimos acordes del Fausto, fueron arrancados al piano, á la sazón que el toque de las ánimas nos recordó que el Padre cenaba á esa hora, y por lo tanto nos dirigimos al convento.
La promesa de mi amigo Pardo, no se dejó esperar. Al irme á acostar, me encontré sobre la mesita de noche el original de la leyenda, cuya copia literal es objeto del siguiente capítulo.
CHAPTER IV
CAPÍTULO IV.
El puente del suspiro.
Las mujeres no aman, los pájaros no cantan, y las flores no huelen.
(Dicho popular filipino.)