Sucede—no sabemos cómo, pero es un hecho que sucede,—que tras las paredes de esas infantiles sociedades que se llaman colegios, trascienden hechos íntimos que se desarrollan en el hogar de los pequeños asociados. Lo que todos habían tenido cuidado de ocultar, lo que la misma Hasay ignoraba, se lo reveló en una sola palabra una amiga suya.

—¿Qué quiere decir inclusera?—Preguntó un día Hasay á la que llamaba su hermana.

—No sé, contestó Lola; y, dime: ¿por qué me lo preguntas?

—Porque ayer, sin querer, pisé el vestido á Ángela, y esta al ver que estaba roto, me dijo:—¡anda, inclusera!

La terrible palabra que descorría en parte el misterio de la vida de la niña, quedó grabada en su memoria, y poco á poco fué comprendiendo todo el valor de aquella frase.

SECTION V

La alegría de Hasay fué desapareciendo, sustituyéndola una profunda tristeza.

A los trece años, la niña era mujer.

La mujer, dejó de jugar y pensó.

Por este tiempo la naturaleza de Lola sostenía una terrible crisis, luchando con la pobreza de su constitución.