Por supuesto la muerte de cabezang Pedro, no se la achacaron al mediquillo ni mucho menos, pues allí no hay la fea costumbre de echar el muerto á las espaldas del que lo asistió en vida. Se muere porque sí, y al hoyo y talagá nang Dios.
Si la casa donde acaece una defunción es nueva y está concluída, entonces no hay que preguntar, pues que está muy arraigada la creencia que enfermo que cae en casa nueva y concluída indefectiblemente ha de morir, haciendo esto, que jamás se concluyan las casas de Tayabas, dejando por poner, ó una puerta, ó una concha, ó una ventana. Durante los embarazos se suspende toda obra, así que si la dueña de una casa en construcción ó reparación nota síntomas de embarazo, se paraliza el trabajo en el estado en que se encuentre, hasta que aquella dé á luz.
Hemos dicho si la mujer nota síntomas de embarazo, y en esto no hay completa exactitud, pues basta que aquellos síntomas lo sienta por su mujer el marido. Pero…, pero que vamos, que hay que ponerse serio para decir ciertas cosas, mas es lo cierto, que en Tayabas la generalidad de los futuros papás, llevan su tradicional creencia, hasta jurar que sienten los mismos dolores que la mujer.
—¿Qué tiene tu padre?—decíamos en una ocasión á una muchacha.
—Tiene, señor, dolor de embarazo,—nos contestó.
—¡Vamos, que les digo á ustedes, que entre las muchas gangas que posee un marido, jamás pudimos creer podría llegar á tener la de ponerse á parir.
El pobre cabezang Pedro—como dejamos dicho—murió, no de una ilusoria creencia sino de una real y efectiva fiebre palúdica.
Tan luego espiró se le cubrió la cara con un pañuelo, se le entrelazaron las manos, poniendo en ellas un crucifijo, las campanas tocaron plegarias, y todos los individuos de la Orden Tercera, invadieron el cuarto, poniéndose á rezar, mientras los parientes más cercanos preparaban un hábito de San Francisco, mortaja con la que habían de vestir el inanimado cuerpo.
El toque de plegarias, al par que avisa á los vivos recen por el alma de un muerto, convoca con su lúgubre tañir á todos los que fueron sus parientes. Estos acuden á la casa si es que ya no están en ella, llevando cada uno un obsequio, consistente en dinero ó bien en tabaco, en bebidas ó en comestibles, obsequios que á su vez son recompensados en igual forma y en casos semejantes por los que los reciben, á cuyo efecto, se guarda una lista de presentes en cada casa.
Como los parientes del cabezang Pedro son muchos y pudientes, la lista del presente está llena de números, que aparecen traducidos en especie, sobre las mesas y fogones.