Pagbilao tiene 4.686 almas, de las que tributan 2.220 en 22 cabecerías. Nacieron 223, murieron 131, y se consumaron 53 casamientos. Mozos sorteados subieron al número de 163, de los que solo 1 fué al servicio. Asistieron á las escuelas 120 niños y se vacunaron 200. Su criminalidad está representada por 4 causas; su fuerza pública por 23 cuadrilleros, siendo vigilados sus barrios por 39 caudillos.

Pagbilao debía ser el punto de más importancia de la provincia, y el llamado á importar y exportar los productos de muchos de los pueblos del interior. Una de las cosas que no comprendemos es el por qué las conducciones de efectos estancados que se asignan á la provincia no se llevan por Pagbilao. Los fletes son baratísimos, y en las licitaciones lograría gran beneficio el Estado de hacerse allí la conducción.

Hoy se llevan los efectos á los almacenes de Pagsanjan, en la Laguna, y de aquí á Lucban. El camino que media entre ambos pueblos es muy largo y sobre todo penosísimo, tanto que el contratista necesita destinar á este servicio gran número de carabaos. Cada arroba de tabaco puesta en la Administración de Lucban, pasa por el gravamen de dos contratistas uno que lo lleva á Pagsanjan y otro á Lucban, mientras que de hacerlo directamente á Pagbilao y situar la Administración de Hacienda en Tayabas—que no sabemos haya razón en contrario,—repetimos sería mucho más económico, pues en las dos leguas que median entre los dos últimos pueblos, puede utilizarse el carretón.

Las ventajas de la exportación por dicho puerto la van comprendiendo los naturales, saliendo periódicamente de aquel algunas embarcaciones que hacen viajes á Manila.

Muchas economías podría hacer el Estado en el ramo de Hacienda; pero para ello debían desaparecer las Administraciones de provincias. Aquellas, quedando concentradas en la Casa Real y bajo la gestión del Gobernador, no producirían los entorpecimientos, complicaciones y gastos que hoy se originan. Para los que pregonan las excelencias de la división de, poderes, [15] solo les diremos que prácticamente se han visto los resultados de la centralización en el cobro de rezagos. Provincias enteras había que tenían cuantiosos descubiertos de muchos años atrás. Los dignísimos Jefes de Hacienda habían depurado todos sus recursos y excitaciones cerca de sus subalternos, y el final era arrastres y más arrastres en los cierres de cuentas. Llegó un día en que sin duda se trató de poner á prueba la influencia de los Jefes de provincia, y al efecto se les encomendó aquel cobro, lo que dichas autoridades hicieron no somos nosotros los llamados á decirlo: respondan los números y los resultados.

Para legislar hay que conocer las localidades, y muchas veces hemos repetido, que el que crea conocer á Filipinas conociendo solo á Manila, está en un grandísimo error.

Un día que un Gobernadorcillo leía uno de los muchos artículos que sudaron la prensa de la capital, tratando de tan debatida cuestión de fallas, le vimos sonreir picarescamente, le interrogamos, y en buenas palabras nos hizo una paráfrasis de aquel célebre dicho de Montes; de que las lecciones se dan á la cabeza del toro.

CHAPTER XVII

CAPÍTULO XVII.

Las mareas.—El río de Pagbilao.—El castellano de Tabangay.—Islita de Patayan.—Simón el lazarino.—Capuluan.—Bajo Talusan.—Antiguas ruinas.—Las rocas Bagobinas.—Laguimanoc.—Almuerzo.—Un astillero.—Ensenada de Talusan.—Caserío y bajo de Calutan.—Calilayan, barrio y Unisan, pueblo.—Historia.—Ladia.—Castillo de Calilayan.—Síntesis de dos civilizaciones.—D. José Barco.—¡Rumbo á Pitogo!—Bajo Salincapo.—Cabulijan.—Pitogo.—Cacería de caimanes.—Un bailujan, un collar de coral y una pregunta.—¡A los botes!—Macalelong.—Su estadística.—Catanauan.—Su presente y su porvenir.—Mulanay.—Pastos y cogonales.—Monte Dumalong.—San Narciso.—Seno de Ragay.—Guinayangan.—Unión de los mares.—El Cabibijan.—Alunero.—Río y pueblo de Calauag.—López.—Su fundación, su estadística.—Alto en Gumaca.