Laguimanoc, depende de Atimonan pueblo situado en la contracosta, ó sea en el Pacífico. De Laguimanoc á su matriz Atimonan, hay que cruzar de costa á costa separada una de otra por un accidentado camino de bosque, que mide por lo más corto 18,50 km. Esta larga distancia y lo penoso de salvarla, hace no comprendamos cómo no depende Laguimanoc de Pagbilao, adonde es mucho más corto y más cómodo el llegar, bien por agua, ó bien por el camino de la playa.
El barrio de Laguimanoc lo forma un pequeño vecindario, compuesto de madereros, carpinteros, constructores de barcos y acopiadores de maderas. Dos eminencias cierran el anfiteatro, en el que se alzan el astillero, un camarín que resguarda una sierra movida por el vapor, y varias casas que se apoyan en la misma roca, en cuya cima y estribaciones se reparten el resto de las que componen el barrio. En aquel astillero se han construido magníficos barcos de alto porte, habiendo sido el último que se botó al agua el vapor Paz, propiedad de los hermanos Alcántara. En aquella ensenada hacen carga de maderas para China y Japón, gran número de barcos. En la fecha en que pasamos por Laguimanoc había dedicados á este negocio dos extranjeros, uno de ellos, Mr. Broom, nos ofreció una cordial hospitalidad y un confortable almuerzo, en las pocas horas que permanecimos en Laguimanoc. Allí estuvimos hasta las tres de la tarde, en que nuevamente volvimos á los botes para seguir á Calilayan, en donde debíamos pernoctar.
Una fresca brisa de tierra nos permitió dar vela en demanda de Punta-Remo, extensa lengua de tierra que va á hundirse entre las madréporas y arrecifes del Estrecho.
Una vez que la estrecha quilla de nuestro bote cortó las aguas de la ensenada del Talusan, notamos que el sondaje disminuía hasta el extremo de apreciarse los más insignificantes detalles de las preciosas y variadas algas, que destilan sus viscosos jugos sobre las afiladas excrecencias que forman el bajo de Calutan. En aquella ensenada desaguan gran número de ríos y esteros, siendo de citarse los llamados Pinanimdim, Yaue, Ipil y Cabuyao, cuyas corrientes prestan un gran servicio á los madereros, arrastrando los trozos que cortan en los bosques.
En la ensenada de Calutan, se conserva un castillejo habitado por un guardián. Alrededor de aquel modesto baluarte, se agrupan unas cuantas casitas que vienen á formar el barrio á que da nombre la ensenada; aquel pertenece al pueblo de Atimonan.
A las seis de la tarde orzamos á estribor, cambiamos vela, y enfilamos la bocana del río Calilayan, á cuyas márgenes se asienta la visita de dicho nombre.
Calilayan cuando lo visitamos dependía de Pitogo, hoy es pueblo, y en el superior decreto que mandaba su creación, se varió aquel nombre por el de Unisan.
Calilayan ya existía al descubrirse las tierras que componen la provincia de Tayabas, por Juan de Salcedo, que, se cree fué el primero que de ellas tomó posesión en nombre de Castilla, al ir en busca de las renombradas minas de oro de Camarines.
Aquel pueblo, según antiguas tradiciones, debe su fundación á Ladia, hermana del cacique Maglansangan, sanguinario y despótico señor que por largo tiempo impuso leyes en el Estrecho. A Ladia se la conocía por la reina de Calilayan. En las negras páginas de las conmociones populares, figura este nombre, que estuvo borrado por largo tiempo del número de los pueblos, habiendo renacido más tarde con el modesto de barrio.
El Tribunal de Calilayan lo compone un espacioso castillo de dos cuerpos, resguardado con sus correspondientes aspilleras, por las que asoman sus bocas dos inofensivos cañones, mudos veteranos, que difícilmente pueden mantener su actitud amenazadora, sosteniéndose sobre las agorgojadas y apuntaladas paralelas de sus cureñas.