Art. 10. Que se retiren los vecinos del pueblo al toque de las diez de la noche, á cuya hora deben quedar apagados todos los calanes y encendidos los faroles de la calle.
Art. 11. Hago saber á los tributantes que al llegar los días de trabajos cuarentenales, todos deben concurrir á ellos, pagando á su tiempo su tributo y demás sagrados deberes.
Art. 12. Deben comprender todos los habitantes de este pueblo que el trabajo y la limpieza son cosas que recomiendan los sagrados preceptos, por lo tanto, debe empezarse el trabajo temprano, cuidando antes de barrer y limpiar los alrededores de sus casas.
Art. 13. Los que deseen promover demandas dentro de mis atribuciones, me encontrarán en el Tribunal á cualquier hora que me busquen. Hé dicho.»
A las cinco de la tarde ellas y ellos, llevando las primeras la corona sobre una bandeja, van á buscar al párroco, y este con la comitiva lo hace del Alcalde, dirigiéndose todos al Tribunal. El salón está hecho un ascua de fuego. Donde quiera hay espacio para una colgadura, flota un damasco; donde quiera hay lugar para fijar un clavo, luce una mecha alimentada por aceite, petróleo, cera ó esperma. Ya todos en el salón, la capitana y su marido se arrodillan delante de un altar provisional en el que se coloca la imagen, á cuya advocación está el pueblo; el Alcalde coge el bastón y el párroco la corona, se pronuncia por el último una oración, se coloca sobre la cabeza de la capitana la corona, se entrega el bastón al capitán, y repetidos vivas atruenan el Tribunal; suena la música, se hacen disparos, revientan bombas y cohetes, y en medio de esta alegría y algazara, las dalagas cubren de flores á la capitana. Acto seguido empieza, ó mejor dicho se reanuda el baile, dando comienzo con un rigodón que generalmente baila el jefe de la provincia con la capitana. A las doce se cena, y á la madrugada se retiran los más recalcitrantes haciendo más eses que erres tiene un apellido vascuence.
A esta fiesta se la conoce con el nombre de aniyaya nang bayan. Antes de cerrar este capítulo, bueno es que digamos, para que no se nos tache por algunos de exagerados, que la fiesta que hemos descrito es propia de las cabeceras ó pueblos de primer orden y no de los pequeños, en que no hay recursos ni elementos.
CHAPTER XXI
CAPÍTULO XXI.
Costumbres.—Fiestas.—El bínyagan—El unang pag paligo.—El diariuhan..—El labac, el pulong y la aniyaya..—El suizan.—El tañido del tambulic.—Inspección del barrio.—La cama del Juez mayor.—Cincuenta y dos días de bailujan.—El buisan.— Los pintacasis.—Juntas y cabildeos.—Triunfo de la Liceria y de la Chananay.—Aliño de un teatro en Tayabas.—El cómico de la legua.—¡Ojo con los empresarios!—Un día de buen comer.—Preparativos de cuaresma.—Lapasan.—El vino en vaso y el coquillo en tabo.—El tapatan mang pasion.—Moros y cristianos.—El sábado de gloria.—El canto del gallo.—Pascuhan.—El hatiran.—Recuerdo de una pregunta.
A más de las fiestas que dejamos descritas, existen otras muchísimas en la provincia de Tayabas. La muerte proporciona diversiones, el nacer también. El bautizo origina la fiesta llamada bínyagan. A los siete días se baña la parida, y con este motivo se celebra el unang pag paligo. Si el niño muere después de recibir el agua, se le coloca en una bandeja, se le rodea de flores y en vez de lágrimas hay la fiesta del diariuhan.