En la fiesta en que realmente se echa el resto es en la del pintacasi del pueblo. Meses antes del en que se celebra aquella principian las juntas, los cabildeos, los proyectos y los preparativos. En el Tribunal se somete á la sanción de la principalía las opiniones que prevalecen. La misa solemne de tres padres, con sermón, las músicas, los globos, los bailes y los fuegos artificiales están fuera de discusión, pues siempre se cuenta con ellos. Donde se riñe la verdadera batalla, donde los oradores esgrimen toda su argucia, es en si ha de haber ó no comedia. Una comedia en Manila se arregla en dos horas, habiendo un socio capitalista que tenga en cartera hasta un billete de Banco de 10 pesos, ó un crédito en plaza, ó plazuela, de 20 pesetas; capitales que, aunados con un industrial que á la par de socio sea cómico, cantante y bailarín, se concierta un programita. Esto, que es tan fácil en Manila, en Tayabas constituye una empresa verdaderamente piramidal, y aun cuando los indios no conocen las colosales masas de piedra del Egipto, sin embargo, recuerdan que la última comedia que tuvieron había costado una derramita de á 20 pesos, si no por barba, por lo menos de bolsillo, y con tal recuerdo no es de extrañar que el asunto se debata, y hasta algunas veces se arañe. Demos de barato—por más que á ellos les ha de salir algo caro—que los amantes de la Chananay y la Liceria triunfen. Este triunfo representa tres noches de comedia de magia, con cantos, bailes y gimnasia. La magia y los turbantes son tan indispensables en toda comedia tagala, como el llamar simpática á la Liceria, omisión que el día que la hiciera un cajista de cartel, produciría un terremoto de bambalinas.
En Tayabas no hay teatro, por consiguiente, hay que hacerlo, y después de hecho aliñarlo para el caso, y el caso tiene más harigues y bejucos de lo que parece. Entre el tablado y Manila hay nueve legüitas de monte—¡pero qué monte!—y á más, el sorbito de agua que tiene la laguna de Bay. La maquinaria, atrezos, vestuarios, telones y demás tarantines hay que llevarlos á brazo, y los brazos son caros.
El cómico indio, cuando viaja por su cuenta, es muy sobrio en comidas, bebidas y bagajes, pero cuando viaja á cuenta de un pintacasi pide billete de cámara, caballo que tenga imbay, merienda, paraguas por si llueve, y sombrilla por si hace sol. Come como un sabañón, y bebe como una cuba. Con estos antecedentes, excuso manifestar á mis lectores que todo empresario de provincias lo primero que pide en el contrato es que los artistas han de ser traídos, llevados comidos y bebidos por cuenta de la principalía. Si esta no tiene la amarga experiencia que da la práctica y cae en tal contrato sin ponerle cortapisas, se ha divertido. EL artista, cuando se convierte en cómico de la legua, se transforma en un sér distinto de los demás, y si esto es ó no cierto, apelo á todas las principalías que han caído en el lazo que les tiende un sutil empresario, desarrollando ante sus ojos un tremendo telón, exhibiendo en almazarrón lo que promete dar en carne y hueso.
Pero en fin, la cosa es que generalmente se vota por la comedia, y más ó menos cara la hay con gran contentamiento de miles de seres.
Las cosas más insignificantes crean un día de jolgorio, de todo sacan partido, y todos los actos de la vida los comienza el indio con unas horas de placer.
En sus expansiones, buscan por lo regular las casas de sementeras; en los pueblos se ahogan, y no se encuentran á sus anchas.
Cualquier convalecencia, satisfacción, enhorabuena, ó cumpleaños, da pretexto á un dadayo ang pagcain sa linang, ó sea día de buen comer en el campo. A la vuelta de estas fiestas, las dalagas se adornan de flores que con gran algazara cogen, combinan y deshojan por el camino.
Al aproximarse la cuaresma el indio de Tayabas se prepara á despedirse de comer carne, con las fiestas de lapasan, las que siempre se celebran en las sementeras. Si los que las dan son ricos, asiste la música; si no lo son, la guitarra, las voces y las palmas la sustituyen. En los aristocráticos lapasan, se bailan habaneras y rigodones, se cantan trozos de … cualquier cosa, y se bebe vino de Europa en vaso: mientras que en los lapasan tradicionales, en los puros tagalos, se empina coquillo, se baila cumintang, se canta cutang-cutang, se bebe en tabo, se come lechón, y por todo mantel está el verde césped, por todo tenedor los cinco dedos, y por todo pan sendas pelotas de morisqueta.
Para todas estas fiestas se construye de cañas y ramaje un emparrado, á cuya sombra se pasa el día.
Durante la cuaresma no se come carne, mas esto no obsta para que continúen las reuniones indias, sustituyendo en lugar de aquella pescados y gulays. El tapatan nang pasion, da origen á una cena. A esta preceden costumbres altamente curiosas. Al intentarse que en una casa se verifique un tapatan nang pasion, acuden por la noche frente á ella varios individuos vestidos de judíos,—según ellos dicen—y simulan alguna de las escenas de la semana del dolor. Los de afuera piden hospitalidad y descanso á los de adentro, cantando la crudeza del tiempo, lo cansado de sus cuerpos y los sufrimientos de su espíritu, hasta que compadecidos los dueños de la casa abren las puertas y una vez que judíos, moros y cristianos fraternizan, se canta la pasión y después se cena.