—¿Qué tiene este muchacho?—pregunté.

—Si así no más ha quedao, con media res cáida, desde un empacho.

Bajo la ramada que cubría la única puerta del rancho, envuelta en un negro rebozo, acurrucada en su catre de tientos, la abuela padecía una jaqueca implacable. Nosotros le dimos unos sellos de aspirina y al rato mejoró.

Al tiempo de irnos hubimos de discutir para que el gaucho nos aceptase paga por el caldo y el breve hospedaje. Se mostró agradecido por algunas pequeñas provisiones que le dejamos. Dijo que él no podía correspondernos de otro modo que no cobrando.

Esta generosidad del fronterizo contrasta con la tacañería de los indios de la quebrada del Toro y de los valles calchaquíes, acaso porque las exigencias de la vida agrícola y precaria de las montañas aguzan en el incásico un sentido de la economía, que el gaucho, exclusivamente pastor, mejor favorecido por el clima, no posee.


LA SELVA DE ANTA[3]

Una mañana salimos en busca de una anta que paraba, según decían, como a seis leguas de la casa. El animal había sido notado hacía poco, en los dominios del puestero ño Ventura. Este debía guiarnos monte adentro, al capataz y a mí, hasta dar con el anta, lo que no resultó tan sencillo. Me facilitaron una cabalgadura gaucha, incluso guardamontes, cuchillo y coleto; tres cosas sin las cuales no hay tampoco gaucho[3]. El guardamonte protege las piernas, el coleto el cuerpo, el cuchillo la cara del jinete, contra la maraña, espesísima y brava a veces. Además el gaucho, para correr en el monte, se cala guantes de cuero fabricados por él mismo, y un sombrero retobado de cuero por toda la copa. Para ver mejor es preciso abotonar sobre la frente el ala en la copa del sombrero; esto es chotearse el ala. Así armado, sin olvidar el barbijo, el gaucho arremete a todo galope por la selva, seguido por los perros, si tiene que repuntar hacienda o pillar un toro enmoscado.

A ño Ventura le ofrecimos un winchester de los que nosotros llevábamos; pero dijo que él no necesitaba de garabinas, y que para armas, su cuchillo y su lazo eran bastantes.