Sin embargo, dos días después, supimos el bárbaro exterminio de la familia Quipildor, perpetrado en un ranchito de Wierna, la noche del 13. El difunto que yo encontré resultó ser don Onofre Quipildor, el jefe de la familia, que había sido amarrado a la mula por los bandidos, con el fin de sembrar el terror.
Los asesinos nunca fueron tomados. Pero es casi seguro que se trataba de una de tantas fechorías del famoso Juan Jiménez, y sus cómplices Polo y Cejador.
EL ULTIMO VUELO
Fué la noche del 25 al 26 de Enero.
A través del espeso nublado, se tamizaba, en tenue resplandor grisáceo y uniforme, la luz de la luna llena. A ratos garuaba.
Excitados por el café, agobiados por la miseria y el aburrimiento, compelidos por el deseo de lo insólito, resolvimos excursionar hasta la cumbre del cerro.
La media noche sería cuando empezamos a trepar, paso a paso, por el empinado y tortuoso camino de la quebrada seca que divide al San Bernardo en dos gigantescas moles.
La mojazón de la tierra untuosa y resbaladiza dificultaba más el ascenso, ya de suyo pesado, y a nuestros zapatos la greda se adhería poniéndoles un reborde embarazoso y grotesco.