Otros aldabonazos tremendos me arrancaron del estupor en que me había sumido. Y cuando abrí la puerta, me encontré con el muchacho de la panadería vecina, que venía a reclamarme el chivo de su propiedad, escapado mientras horneaban, por una tapia baja que separa la huerta de casa de la panadería.
Por la mañana, supe la muerte de Chivo Pedro, acaecida esa noche.
EL SUICIDIO DE BURELA
El invierno pasado trepaba yo casi todas las mañanas por el camino del cerro, que conduce al Redentor.
Era un excelente deporte que me endurecía las piernas, y que me brindó la ocasión de revolucionar mis nervios cierta vez.
He aquí el caso:
Una mañana iba por el camino, muy despacio, deteniéndome de trecho en trecho a respirar y a mirar el horizonte que la niebla permitía descubrir, y estaba ya en mitad del cerro, frente a la cueva del viejo Castro, cuando vi en un banco, a la izquierda, sentado un hombre.
No me extrañara el encuentro si el individuo no me habla.