Presa de inmensa angustia, auscultaba el nocturno silencio. Pero nadie acudió.
¡Mi delito quedaba impune para siempre!
Y por la mañana, en la Chacarita, en torno a la fosa, junto a mis condiscípulos, eché como ellos mi palada de tierra sobre el cadáver de Mr. Moore, cuyo asesino no dejó traslucir ni un asomo de emoción.
Muchas veces he pensado con horror en una autopsia de la que hubiera resultado esta fórmula concisa y fatal: "Sonambulismo cataléptico acabado en la sepultura por una conmoción cerebral enorme."