Y las mariposas caen en continua lluvia; y los coleópteros caen zumbando de cabeza, como si quisieran taladrar el suelo. Atento, el sapo espera.

Cuando está cierto del éxito, inicia el ataque a cortos saltitos. Se detiene. El corazón le late en la tensa membrana blanca de la garganta. Después avanza gateando ridículamente; con gran cautela se acerca al bicho, y ¡zás!

El bocado no es siempre una sedeña mariposa. A veces hay que tragar un escarabajo más áspero que un nudo de alambres. En tal caso, siente un pataleo en el esófago. Pero el muy comilón no se arredra, y se ayuda a dos manos, empujando la presa hasta el estómago.

Otras veces, por un lamentable error, atrapa el pucho encendido que un transeunte arrojó de su boquilla, ¡y hay que verlo retroceder y poner la cara fea!


PASEOS ZOOLOGICOS

Ayer fuimos al campo con el ayudante, en busca de insectos. Aunque no teníamos red, hemos perseguido algunas mariposas.

Después hemos hallado unas moscas de nueva especie, asentadas pesadamente, en gran número, en unos chañares pequeños. La hoja del chañar dá una substancia melosa que sin duda atraía las moscas. Algo más delgada que la mosca común, la nueva especie distínguese en que presenta en las alas bandas transversales blancas, sobre fondo pardo oscuro y en la cabeza un par de antenas corniformes.

Pero en el mismo tubito hemos encerrado una libélula y sus ásperas alas han destrozado a las moscas. Mañana volveremos a buscarlas. La constancia es la primera virtud del naturalista.