Pero es el caso que los ya pulmonados, se han visto forzados a refugiarse, bajo pena de muerte, en las islas. Lo prueban los cadáveres de sapitos que sirven, como veis, de alimento a los renacuajos, mucho más grandes, fuertes y vivaces por ser el agua su medio apropiado dada su respiración branquial.

La batracofobia de los renacuajos es, pues, un hecho indiscutible. Y lo particular es que tal hecho explica, según creo, el origen de los anfibios. Bastaría suponer en ciertos charcos del mundo primitivo, una superabundancia enorme de una forma dada de peces, que, habiendo desalojado a otras especies, empezaron a comerse entre ellos. Establecida así la lucha, se salvaban únicamente de la carnicería los que podían ganar tierra y resistir más tiempo al nuevo ambiente, hasta que las branquias se adaptaran al aire y se convirtieran en pulmones. El hábito y la herencia fijaron el nuevo carácter específico, y el atavismo reproduciría la forma primitiva acuática. Y como la duración de las condiciones físicas del medio sería de miles de años, tendríamos repetidas las causas y los efectos en millones de generaciones sucesivas, y por lo tanto fijada una especie intermedia, entre peces y reptiles.

De los peces a los batracios, no sólo ha cambiado la respiración, sino la alimentación. Los renacuajos se alimentan por succión. Los sapos, son insectívoros. Al comenzar la existencia terrestre, no les fué muy difícil cambiar de régimen alimenticio, como lo probaría la poca variación que exige un aparato bucal chupador (renacuajo) para convertirse en captador (sapo).

Si se compara la organización de los peces superiores con la de los batracios anuros que por ahora nos ocupan, se nota que los peces son más complicados. Los batracios no derivarían, pues, de los peces superiores, sino tal vez de los branquiostomas, o de una forma intermedia entre éstos y los ciclóstomos, cuya organización es más rudimentaria.

Pronto estudiaremos la organización interna de los batracios, y, en su metamórfosis, la transformación del aparato circulatorio en correlación con el respiratorio. Entonces os haré notar cómo, la respiración cutánea, tan intensa en los batracios, y propia de organismos inferiores, ha hecho tal vez posible al conservarse el paso de la respiración branquial a la pulmonar.

Antes de terminar, amigos míos, libertemos a los sapitos, que están condenados a morir de hambre en estas islas de cemento, al pie de los ángeles indiferentes. Ayudemos así al cumplimiento de las leyes naturales. Arrojemos los sapitos entre la húmeda gramilla del parque, para que se coman las larvas corrosivas y los insectos que atacan las plantas de los jardines."

—¡Libertemos al náufrago refugiado en la galleta!—gritó un muchacho. Pero en aquel momento, cuando una mano amiga se le acercaba, el pequeño sapo saltó al agua, y un renacuajo vivaz y ventrudo se apoderó de su presa al instante.

Así hemos leído, en un charco, una hermosa página escrita hace millares de siglos por el azar de la evolución.