LA INMORTALIDAD

La desagregación del protoplasma por la mineralización creciente no se manifiesta en los unicelulares. Dado un ambiente propicio, un protozaorio no muere nunca, puesto que alcanzada la dimensión normal en la especie, el individuo se parte en dos y del ser único derivan dos individuos nuevos, continuando en cada uno de ellos los procesos de asimilación y desasimilación que determinan el crecimiento y la división consecutiva, completándose así el ciclo evolutivo.

A medida que la estructura orgánica se complica, disminuye la resistencia normal del individuo en su medio, en razón de la mayor conexión y subordinación de unas funciones con otras en el organismo.

En los protozoarios la división experimental del núcleo no impide la regeneración de cada parte.

En los metazoarios inferiores, cada fracción regenera las que faltan. (Hidras).

Algunos escalones más arriba, la división experimental del individuo por su eje de simetría, ya no permite la reconstitución de cada mitad. (Asteroideos).

En los grados más avanzados de complejidad estructural, de los artrópodos a los cordados, la capacidad regenerativa del protoplasma tórnase de más en más problemática.

En los anfibios, la vitalidad de los principales órganos (por ejemplo, del corazón), separados del cuerpo, es mayor que la de los mamíferos.

Un protozario partido en dos, por su núcleo, continúa viviendo; un mamífero lesionado solamente hasta su red arterial, tiene muchas probabilidades de morir.

Cuanto más avanza la diferenciación progresiva de las formas, más acrece la posibilidad de la muerte.