MARSILLA. ¿No es ella?
ISABEL. ¡Él es!
MARSILLA. ¡Prenda adorada!
ISABEL. ¡Marsilla!
MARSILLA. ¡Gloria mía!
ISABEL. ¿Cómo ¡ay! cómo te atreves a poner aquí la planta? Si te han visto llegar… ¿A qué has venido? 295
MARSILLA. Por Dios … que lo olvidé. Pero ¿no basta, para que hacia Isabel vuele Marsilla, querer, deber, necesitar mirarla? ¡Oh! ¡qué hermosa a mis ojos te presentas! Nunca te ví tan bella, tan galana… 300 Y un pesar sin embargo indefinible me inspiran esas joyas, esas galas. Arrójalas, mi bien; lana modesta, cándida flor, en mi jardín criada, vuelvan a ser tu virginal adorno: 305 mi amor se asusta de riqueza tanta.
ISABEL. (Aparte. ¡Delira el infeliz! Sufrir no puedo su dolorida, atónita mirada.) ¿No entiendes lo que indica el atavío, que no puedes mirar sin repugnancia? 310 Nuestra separación.
MARSILLA. ¡Poder del cielo!
Sí. ¡Funesta verdad!
ISABEL. Estoy casada.