MARSILLA. Dímelo pronto, pues, dilo.

ISABEL. Imposible. 345
No has de saberlo.

MARSILLA. Sí.

ISABEL. No.

MARSILLA. Todo.

ISABEL. Nada. Pero tú en mi lugar también el cuello dócil a la coyunda sujetaras.

MARSILLA. Yo no, Isabel, yo no. Marsilla supo despreciar una mano soberana 350 y la muerte arrostrar por quien ahora la suya vende y el porqué le calla.

ISABEL. (Aparte. ¡Madre, madre!)

MARSILLA. Responde.

ISABEL. (Aparte. ¿Qué le digo?)
Tendré que confesar … que soy culpada.
¿Cómo no lo he de ser? Me ves ajena. 355
Perdóname… Castígame por falsa,
(Llora.)