mátame, si es tu gusto… Aquí me tienes para el golpe mortal arrodillada.
MARSILLA. Ídolo mío, no; yo sí que debo poner mis labios en tus huellas. Alza. 360 No es de arrepentimiento el lloro triste que esos luceros fúlgidos empaña; ese llanto es de amor, yo lo conozco, de amor constante, sin doblez, sin tacha, ferviente, abrasador, igual al mío. 365 ¿No es verdad, Isabel? Dímelo franca: va mi vida en oírtelo.
ISABEL. ¿Prometes
obedecer a tu Isabel?
MARSILLA. ¡Ingrata!
¿Cuándo me rebelé contra tu gusto?
Mi voluntad, ¿no es tuya? Dispon, habla. 370
ISABEL. Júralo.
MARSILLA. Sí.
ISABEL. Pues bien… Yo te amo.—Vete.
MARSILLA. ¡Cruel! ¿Temiste que ventura tanta me matase a tus pies, si su dulzura con venenosa hiel no iba mezclada? ¿Cómo esas dos ideas enemigas 375 de destierro y de amor hiciste hermanas?
ISABEL. Ya lo ves, no soy mía; soy de un hombre que me hace de su honor depositaria, y debo serle fiel. Nuestros amores mantuvo la virtud libres de mancha: 380 su pureza de armiño conservemos.— Aquí hay espinas, en el cielo palmas. Tuyo es mi amor y lo será: tu imagen siempre en el pecho llevaré grabada, y allí la adoraré: yo lo prometo, 385 yo lo juro; mas huye sin tardanza. Libértame de ti, sé generoso: libértame de mí….
MARSILLA. No sigas, basta. ¿Quieres que huya de ti? Pues bien, te dejo. Valor … y separémonos.—En paga, 390 en recuerdo si no, de tantas penas con gozo por tu amor sobrellevadas, permite, Isabel mía, que te estrechen mis brazos una vez….