Huasca (soga ó cordel grueso), es una palabra que escribimos guasca, y es la única que empleamos para significar la cuerda hecha de cuero de animales que tiene infinitos usos en nuestras industrias: tiene á mas entre nosotros, el derivado guascaso que es el golpe dado con una guasca. Vincha (cinta ó apretador de los caballos) se emplea en el mismo sentido aun cuando sea un pañuelo el que se ajuste á la frente como tienen de costumbre las jentes humildes cuando les duele la cabeza. Yuyu (hortaliza, yerba de comer). Es nuestra voz favorita para indicar cualquiera planta espontánea é inútil: se usa jeneralmente en plural, y cambiando la u en o: yuyos. Humita (bollicos de maiz como tamales) dice el P. Olguin, describiendo así con la mayor exactitud el plato que llamamos umitas y que consiste en maiz tierno guisado y envuelto en la hoja de la planta del mismo maiz (chala). Dispuesto así forma lo que en el Perú se llama tamal, palabra probablemente quichua que no ha llegado hasta nosotros. Pampa; este nombre con que designamos la llanura poblada á este lado de los Andes por la raza Araucana, significa en quichua—plaza, suelo llano, llanada, sábana, campo abierto. Para nosotros representa la idea de estension inmensa y solitaria. Llamamos pampas á los indíjenas del desierto indicado antes. Chuccho, es el frio con temblor que produce la fiebre y especialmente la llamada terciana (calofrio). “Me dá chucho” se dice en Buenos Aires cuando se siente esa impresion que los franceses distinguen con la espresion chair de poule. La palabra cháguara con que designan los niños de Buenos Aires el hilo torcido consistente que les sirve para hacer bailar el trompo, la supongo derivada de chahuarhuana, que significa en quichua—soga de cáñamo, aunque tambien puede proceder del nombre de un aloes del chaco llamado chaiguar, segun el Sr. Arenales en su conocida obra sobre aquella rejion paj. 221. Dar cháguara, es un modismo humorítico de nuestra ciudad que significa—alentar á una persona á que muestre ó desenvuelva alguna propension inocentemente ridícula. La agricultura debe algunas voces á la misma lengua del Perú: decimos maiz ó trigo chuso al que se halla en el caso descripto por el P. Olguin en el vocablo chusso de su citado diccionario: “maiz ó trigo chupado, no lleno, arrugado por helarse en leche, ó faltarle el agua al granar, que molido es todo cáscara ó afrecho;” y llamamos chaucha á la vaina tierna en que se encierra el poroto, que es la misma acepcion que esa palabra tiene en quichua etc. etc.—Es sabido que los Incas contraian especial atencion á la construccion y mejora de los caminos de los cuales habia algunos que atravesaban toda la estension del imperio y que se llamaban por antonomasia del Inca, porque este monarca transitaba por ellos en sus visitas oficiales. A distancia como de 3 á 4 leguas habia en estos caminos unas posadas que se llamaban tambos, y con este mismo nombre se denominan todavia en Lima algunos grandes edificios construidos por particulares para proporcionar alojamiento á la jente y sus bestias que entran del interior con cargas ó productos para alimentar los mercados. Nosotros hemos adoptado esta voz pero dejenerándola notablemente en su significado: llamamos tambo al lugar donde se atan y ordeñan las vacas: tamberas á las vacas mansas cuya leche se destina para beber, hacer mantequilla, ó quesos; y tambien llamamos tambo al lugar donde se reunen los negros africanos á bailar y á tener sus juntas y reuniones. Lope de Vega, haciendo en su rica imajinacion una mezcla graciosa de cosas americanas ha introducido esta palabra en el siguiente estribillo de una cancioncilla preciosa:

Piraguamonte, piragua,

Piragua, gerizarizagüa;

Bio, Bio,

Que mi TAMBO lo tengo en el rio.

Por último recordaremos una palabra cuyo significado no es misterioso hoy para nadie en el mundo porque ¿quien no conoce la substancia llamada guano y sus felices aplicaciones al abono de las tierras cansadas?—Es probable que este descubrimiento arrebate al elenco peruano de las voces porteñas, esta que hasta nuestras damas empleaban sin saber lo que decian en la frase siguiente para ponderar el exeso de las tareas de una persona: «trabaja hasta echar el guano.»—Esta circunstancia es nueva en la historia del lenguaje, porque es cosa que no se ha visto nunca abandonar el empleo de una palabra en el mismo momento en que se aclara ó se conoce su verdadero valor y significado.

La lengua quichua como casi todas las americanas es lengua hablada únicamente, porque no consta que se haya escrito en ella obra alguna de larga estension como sucede con la mejicana en la cual se conservan algunos manuscritos históricos redactados por indíjenas educados por los europeos. Sin embargo existen escritos en la lengua jeneral del Perú algunos sermonarios, devocionarios, etc., y las siguientes que copiamos de catálogos hechos por personas muy versadas en la bibliografia americana.

1. Gramática de la lengua quichua ó del Perú, por Frai Domingo de Sto. Tomas. Valladolid, 1560, in-12ᵒ.

2. Vocabulario de la lengua jeneral del Perú, llamada quichua ó del Inca, etc. Por el P. Diego Gonzalez Olguin. Lima, 1608.—4.ᵒ grandes de 330 f.

3. Lexicon de la lengua quichua, por frai Domingo de Sto. Tomas. Valladolid, 1560.