CAPITULO XXI

Gobierno de Cuba.—Primeros gobernadores.—Los corsarios.—Soto.—Dávila y Chaves.—Pérez de Angulo y Jacques Sores.—Mazariegos, Menéndez, Montalvo y Carreño.—El capitán general Luján.—Los corsarios.—Tejada y el ingeniero Antonelli.—Drake en América.—Valdés: los corsarios: división de la isla por Felipe III.—Ruiz de Pereda en la Habana y Villaverde en Santiago.—Alquizar, Venegas, Cabrera y Bitrián de Biamonte.—Los Hermanos de la Costa.—La isla en la segunda mitad del siglo xvii y comienzos del xviii.—Córdoba, Benítez de Lugo, marqués de Casa Torres y Raja: estanco del tabaco.—Guazo y los vegueros.—Guerra entre España é Inglaterra.—Caida de la Habana.—Los generales conde de Ricla y Bucarely.—Expulsión de los jesuitas.—El marqués de la Torre: población de la isla.—Reseña del Gobierno.—Los restos de Colón en la Habana.—Humboldt en Cuba.—Comienzo de la guerra de la Independencia.—Los revolucionarios.

Manuel de Rojas, a la muerte de Velázquez, desempeñó el gobierno interinamente hasta el 1525. Vino de España con el nombramiento de teniente gobernador, Gonzalo de Guzmán (abril de 1526), en cuyo tiempo algunas partidas de indios quemaron pueblos y cometieron toda clase de desmanes. El cacique Guamá, de Baracoa, pagó en la hoguera su enemiga a los españoles. Por el año 1538, entre abril y mayo, entró en el puerto de Santiago un corsario francés y atacó a un buque cargado de mercancías y mandado por Diego Pérez, natural de Sevilla. Cuéntase que cuatro días estuvieron peleando, a estilo caballeresco, retirándose una noche y con cierto sigilo el extranjero.

Además del gobierno de Cuba se concedió a Hernando de Soto, antiguo teniente general de Pizarro, el nombramiento de Adelantado de la Florida. Llegó a Santiago el 7 de junio de 1538, donde tuvo noticia que un pirata francés había saqueado é incendiado parte de la Habana, reembarcándose antes de que las autoridades pudieran organizar la defensa. Soto, para comenzar las fortificaciones de la Habana, pidió dinero al Emperador (julio de 1538). En seguida (últimos de agosto) se trasladó a la Habana, y habiendo dejado el gobierno de la isla a su mujer D.ª Isabel de Bobadilla, Soto a mediados de mayo de 1539, con 900 hombres y 350 caballos, marchó a la Florida, y allí, después de dos años de privaciones y de contínuos combates con los salvajes (privaciones y combates tal vez más desastrosos que los sufridos en las anteriores expediciones de Ponce de León y Pánfilo de Narváez) murió de fiebre siendo sepultado en medio del Mississipí, río que él había descubierto.

Juanes Dávila sucedió a Soto el 1544 y reparó el castillo de La Fuerza. Antonio de Chaves (1546) comenzó las obras para traer a la Habana las aguas del río Almendares y en su tiempo se estableció el primer ingenio, cerca de Santiago, habiéndose traido la caña de la Isla Española. Dávila y Chaves dictaron algunas disposiciones encaminadas a hacer cumplir las nuevas Ordenanzas de Indias, suprimiendo las encomiendas; pero tan buenos propósitos se estrellaron contra la influencia de los interesados.

Bajo el gobierno de D. Gonzálo Pérez de Angulo (1550-1556) el corsario francés Jacques Sores cayó sobre Santiago de Cuba (mediados de 1554), saqueando las casas y quemando algunos edificios; hecho que repitió al año siguiente en la Habana, de cuya ciudad se apoderó como también del castillo de La Fuerza, no sin que se resistiese y peleara con bravura Juan de Lobera, acompañado de cuatro arcabuceros y 12 vecinos. Pérez de Angulo, que había abandonado la plaza desde los primeros momentos, envió a un fraile para que entablase negociaciones con el corsario; pero él, entre tanto, a la cabeza de unos 300 hombres, penetró muy de madrugada en la población, sorprendiendo a los franceses y causándoles algunas bajas. Indignado Sores con la conducta del gobernador, hizo degollar a 31 prisioneros que tenía en La Fuerza, puso en precipitada fuga a los de Angulo y como despedida volvió a saquear e incendiar a la Habana.

Uno de los primeros cuidados del gobernador Diego de Mazariegos (1556-1565) fué fijar su residencia en la Villa de la Habana, «por ser el lugar de reunión de las naves de todas las Indias y la llave de ellas.» Coincidió el comienzo del gobierno de Mazariegos con la proclamación en la isla de Felipe II como Rey de España. Bajo el gobierno de Mazariegos intentó D. Tristán de Luna la conquista de la Florida, con cuyo objeto salió de Veracruz en 1559. Si él se volvió a los dos años sin haber conseguido nada, por el contrario, los franceses, más afortunados, consiguieron establecerse. Eran estos franceses hugonotes enviados por Coligny. No pudiendo Felipe II tolerar lo que él llamaba usurpación de su territorio—y que no había tal usurpación porque España jamás logró conquistarlo—y mucho menos permitir la propagación del protestantismo en América, dispuso que D. Pedro Menéndez de Avilés (con el título de Adelantado), ya famoso por haber limpiado de corsarios y piratas los mares, mandando (1556-1564) la Armada de la guarda de la carrera de Indias, dispuso, decimos, que el citado Menéndez acabase de una vez con los herejes que infestaban el hermoso país de la Florida. En efecto, el Adelantado dió buena cuenta de ellos, pues pasó a cuchillo, según refieren las crónicas, a unos 700 (1565). Fundó a San Agustín y continuó la conquista de la Florida.

En oposición Menéndez con el gobernador García Osorio, consiguió el nombramiento de gobernador de Cuba, cargo que ejerció mediante sus lugartenientes hasta 1573, en que tuvo que volver a España para encargarse de grandes aprestos navales.

Al poco tiempo de encargarse del gobierno D. Gabriel Montalvo (1574-1577) reaparecieron los corsarios en nuestras costas, pues Felipe II sólo pensaba en la organización de la Armada Invencible. Los corsarios exigieron rescate a las villas de Trinidad, Baracoa y San Juan de los Remedios.

Rechazó D. Francisco Carreño (1577-1580) a dos corsarios franceses que intentaron saquear a Bayamo, atendió a la defensa de la capital, perfeccionó las obras de la Zanja y mandó excelentes maderas para la construcción de El Escorial[359].