CAPITULO XXIV
Virreinato del Perú (Continuación).—El virrey Mendoza.—Gobierno de la Audiencia.—El marqués de Cañete: insurrección de Sairi Tupac.—Expediciones.—El conde de Nieva y García de Castro.—El virrey Toledo: suplicio de Sairi Tupac.—Los chirinamos.—Los jesuítas.—Cédula de Felipe II.—Enríquez y el conde de Villar Don Pardo.—El marqués de Cañete: los piratas.—Santo Toribio.—Las encomiendas.—Cédula de Felipe III.—El marqués de Montesclaros: creación de catedrales.—El príncipe de Esquilache, el conde de Chinchón y el marqués de Mancera.—Los virreyes conde de Salvatierra, conde de Alba de Liste y conde de Santisteban.—El conde de Lemos y otros virreyes nombrados por Carlos II.—Terremoto de 1678.—Virreinato de Castell dos Ríus: terremoto de 1707: autos de fe.—Virreinato del obispo de Quito.—El príncipe de Santo Bono y otros virreyes.—Comisión científica en el Perú.—Sublevación de los indios.—Cédula de 1736.—El conde de Superunda: terremoto de 1746.—El virrey Amat: expulsión de los jesuítas.—Los virreyes Guirior y Jáuregui.—El indio Condorcanqui.—Los virreyes Croix, Gil de Taboada, O'Higgins y Avilés.—Bolivia bajo el virreinato del Perú y después del de Buenos Aires.
D. Antonio de Mendoza, propuesto a Carlos V por La Gasca para el cargo de virrey del Perú, llegó a Lima (mes de septiembre de 1551). Mostróse en el Perú tan prudente y bondadoso como antes en México. Encargó a su hijo D. Francisco que recorriese el Perú con el objeto de conocer las necesidades públicas y dispuso que Juan de Betanzos escribiera la historia del Perú desde su descubrimiento.
«Ynformado el Rey de haverse alzado Mango Yuga Yupangui por los malos tratamientos que rescivía de los Españoles, y que por su muerte lo andaba tambien su hijo Inga, con muchos caciques e indios, malográndose el fruto de su redencion; y habiendo noticia de que quería christianarse y venir al servicio y obediencia de S. M., le avisó aversele concedido (el indulto) y perdonado todos sus delitos, encargándole se presentase al virrey D. Antonio de Mendoza, con sus caciques y secuaces, que estaba prevenido le honrrasse e hiciesse restituir las casas y chacaras que posehía su padre al tiempo que se alzó.—Céd. de 9 de marzo de 1552.—Vid. doc. 11 de ellas, fol. 406, núm. 60»[437].
Si el licenciado La Gasca, deseando premiar a los que habían permanecido fieles a la causa del Rey, hubo de conceder 150 encomiendas, ni la Audiencia, ni Mendoza, aunque se hallaban autorizados a ello, concedieron ninguna. El tributo que pagaban los indios sujetos a las encomiendas iba todo a parar a manos de los encomenderos, hasta que por Real Cédula de 1550, se les impuso la obligación de pagar el quinto a la Corona, disposición que comenzó a practicarse durante el gobierno de la Audiencia.
Murió Mendoza en julio de 1552, volviendo la Audiencia a encargarse del gobierno. La suspensión del servicio personal de los indios, ordenada por la Audiencia, produjo varios desórdenes, siendo el principal jefe de los descontentos Hernández Girón, el cual se dió tan buena maña que se hizo dueño del Cuzco y se aproximó a Lima. Hernández Girón logró vencer al ejército real en Chuquinga, y cuando se disponía a empresas mayores, le abandonaron los suyos. Hecho prisionero en Atunjanja, murió decapitado en la capital el 7 de diciembre de 1554; su cabeza se colocó en el rollo de la plaza, al lado de las de Gonzalo Pizarro y Carbajal.
Don Andrés Hurtado de Mendoza, segundo marqués de Cañete, recibió el gobierno que le entregó la Audiencia en julio de 1557; pero su nombramiento fué hecho el 10 de marzo de 1555. Concedió algunas encomiendas a los que más se distinguieron en servicio del Rey, y a los descontentos que se creían con derecho a ellas, los mandó a España, si bien tampoco consiguieron nada de Felipe II. Procuró el marqués de Cañete la sumisión de Chile, mandando contra los araucanos a su hijo Don García.
Un hecho de verdadera importancia se registra en el gobierno del citado virrey, y fué que tuvo la fortuna de acabar con la insurrección de Sairi Tupac, heredero de Inca Manco, el cual se puso a la cabeza de los indios quichuas. Para vencer dicha insurreccion se valió del influjo de la coya D.ª Beatriz, tía de Sairi y de Juan de Betanzos, emparentado con la dinastía de los Incas. Entró Sairi en la ciudad de los Reyes como solían entrar los antiguos monarcas, llevado en una litera. Por la renuncia de sus derechos se le dieron 20.000 ducados de renta en las encomiendas de Sacsahuana y Jucay, el título de Adelantado y otras mercedes. Dícese que en el acto de concederle estas gracias, cogiendo una hebra del fleco de terciopelo de la mesa, exclamó: Todo este paño y su guarnición eran míos, y ahora me dan este pelito para mi sustento y el de mi casa. Tiempo adelante se convirtió a la religión cristiana, recibiendo el nombre de Diego.
Dedicóse el marqués de Cañete a mejorar el estado del país, fundando en la región de los cañaris la ciudad de Cuenca, reprimiendo las demasías de los negros, enviando tres buques a explorar el Estrecho de Magallanes, y encomendando a Pedro de Ursúa el descubrimiento de los omaguas, habitantes—según se decía—de tierras abundantes de oro; esta expedición, a causa de las crueldades de Lope de Aguirre, tuvo mal resultado.
Don Diego de Acevedo y Zúñiga, conde de Nieva, se hizo cargo del gobierno el 31 de abril de 1561. Concedió algunas encomiendas. Se declaró que correspondían a la Corona las encomiendas de Lope de Mendieta, de D. Alonso de Montemayor y de D. Francisco de Mendoza. El conde de Nieva fundó el pueblo de Arnedo, en el valle de Chancay, y el de Ica, en un paraje que era guarida de ladrones. Según algunos escritores, fué asesinado por un marido ultrajado en su honra y cuando de noche subía por una escalera a un balcón de la casa del citado marido.