Bajo el gobierno de O'Higgins se empedraron las calles y se construyeron las torres de la catedral de Lima; se hizo un camino desde el Callao a Lima. También se incorporó al Perú la intendencia de Puno, que había estado sujeta al virreinato de Buenos Aires, y fué separado Chile de la jurisdicción del virreinato del Perú. Para la guerra que España sostenía con otras naciones O'Higgins envió siete millones de pesos, los cuales se gastaron, más que en sostener ejércitos, en aumentar el lujo de los cortesanos y los placeres de Carlos IV y María Luisa. Con fecha 26 de julio de 1800 escribió el marqués de Osorno a Urquijo manifestando el estado de quietud de aquellas provincias y añadía que no por ello dejaba de vigilar a los revolucionarios[489].
Desde 1801 a 1806 gobernó el Perú D. Gabriel Avilés. Autorizado por Real orden, creó el obispado de Mainas entre los ríos Huallaga, Ucayali, Napo y Putumayo. Si el clero aplaudió la creación de dicho obispado, protestó en cambio y suscitó protestas a la desamortización eclesiástica, sin embargo de recibir los intereses del capital en que fueron enagenados los bienes. No careció de importancia una conjuración que abortó en el Cuzco (1805), promovida por D. Gabriel de Aguilar, que intentaba renovar el imperio de los Incas. A la sazón las minas producían al Estado grandes cantidades, pues se acuñaban anualmente 5.000.000 de pesos fuertes.
En los siglos xvi, xvii y xviii, lo que hoy constituye la República de Bolivia formó parte del virreinato del Perú. El virreinato estaba dividido en dos Audiencias Reales: la de Lima, que comprendía el territorio conocido con el nombre de Nueva Castilla; y la de Charcas, que comprendía el Nuevo Toledo. En Charcas o Chuquisaca residía la Sede Episcopal, y en ella se estableció la Universidad de San Francisco Javier, famosa en toda la América española. A la citada Audiencia de Charcas se hallaban sujetos los gobiernos de Tucumán, Paraguay y Buenos Aires; también las misiones de chiquitos y mojos. Dividióse el territorio de dicha Audiencia en cuatro provincias: Chuquisaca, La Paz, Potosí y Santa Cruz, gobernadas por Intendentes nombrados por el Rey; los partidos en que se subdividían, por subdelegados nombrados por el virrey a propuesta de los intendentes, y los Concejos, compuestos de regidores y presididos por el gobernador o jefe político, ejercían las mismas funciones de los actuales municipios.
Cuando se creó el virreinato de Buenos Aires en 1776, a él obedecían los habitantes del territorio de las actuales Repúblicas de Bolivia, Paraguay, Uruguay y Argentina.
CAPITULO XXV
Gobierno de Chile, de Venezuela y de Guayana.—Hurtado de Mendoza en Chile: organización del país.—Francisco de Villagra: guerra con Antiguenú.—Pedro de Villagra: guerra; reformas.—Quiroga: la Audiencia.—Los gobernadores Gamboa y Saravia.—El inspector Calderón.—Supresión de la Audiencia.—Quiroga (2.ª VEZ).—Gamboa (2.ª VEZ).—Sotomayor y la guerra.—García de Loyola: Hawkins.—Paillamachu.—Vizcarro y Quiñones.—García Ramón y los piratas.—Rivera y García Ramón (2.ª VEZ): Huenecura.—Merlo de la Fuente: Aillavilla.—Jaraquemada: paz.—Rivera (2.ª VEZ).—Otros gobernadores.—Fernández de Córdoba y Laso de la Vega.—La guerra.—Terremoto de 1647.—Otros gobernadores.—Expulsión de los jesuítas.—O'Higgins.—La revolución.—Gobierno de Venezuela.—Cédula de Felipe III.—Los corsarios franceses e ingleses.—Venezuela a mediados del siglo xviii.—Creación de la Audiencia de Caracas.—Consulado de Comercio.—Obispo de Coro.—Traslación de la catedral de Coro a Caracas.—Carácter del gobierno de Caracas.—Los revolucionarios.—Gobernación de Guayana.
Don García Hurtado de Mendoza se dedicó a la organización de Chile y por eso fijó su residencia en la Concepción, pues el Centro y Norte no requerían tan exquisito cuidado. Probo y generoso, gastó gran parte de su patrimonio en las reformas que llevó a feliz término. Cuando dejó el mando repartió toda su hacienda a los hospitales, iglesias y amigos, embarcándose para el Perú (febrero de 1561) con motivo del fallecimiento de su padre. Nombró para sustituirle a Rodrigo de Quiroga. Uno de sus últimos hechos fué poner la primera piedra de la catedral de Santiago, por cuya población tuvo que pasar para embarcarse[490]. Al lado de hombres feroces, lo mismo entre los indios que entre los españoles, se destaca la noble figura de D. García Hurtado de Mendoza.
Don Francisco de Villagra, sucesor de Hurtado de Mendoza, peleó con Antiguenú y demás jefes araucanos. Si en las huertas de Lumaco la fortuna se mostró esquiva con Antiguenú, en Mariguena le fué favorable, pues allí hizo gran mortandad de españoles, encontrándose entre ellos el mismo hijo de Villagra que los capitaneaba. Antiguenú se dirigió a Cañete, donde entró sin resistencia. Abatido Villagra con tantas desgracias, sucumbió de tristeza (1563).