Porque si tú quisieras otra ofrenda,

ninguna te negara el amor mío;

pero no quieres tú más holocausto

que un puro amor y un ánimo sumiso.

Señor, pues amas y deseas tanto

a tu siervo salvar, dispón benigno

que en la inmortal Jerusalén del alma

se labre de tu amor el edificio.

Logró fugarse a Francia, donde vivió con el supuesto título de Conde del Pilo. Recibiéronle con palmas los enciclopedistas, especialmente Diderot y Marmontel. Habiendo pedido Floridablanca la extradición de Olavide en 1781, marchó a Ginebra, volviendo a Francia, y decretándole la Convención cívica corona y el título de ciudadano adoptivo de la República. Durante el gobierno del Terror fué preso, y habiéndose arrepentido de sus ideas, escribió El Evangelio en triunfo o Historia de un Filósofo desengañado, libro mediano o de mérito escaso. ¿Fué la retractación sincera de un incrédulo? Desde su publicación en Valencia (1798) se provocó en todas partes reacción favorable a Olavide, y en aquel mismo año se le abrieron las puertas de la patria, confiriéndole Carlos IV una pensión anual de 90.000 reales. Murió en Baeza el año 1804. Además de El Evangelio en triunfo, publicó una versión de los Salmos, todos los cánticos desde los dos de Moisés al de Simeón y varios himnos de la iglesia. Cantó en medianos versos El fin del hombre, La inmortalidad del alma, La Providencia, La Penitencia y otros asuntos, coleccionados luego con el título de Poemas Christianos.

No negaremos que en la citada Universidad de Lima, si dominaba la ciencia de relumbrón y erudición hueca e indigesta, había algunos ingenios, sobresaliendo entre todos el doctor D. Pedro de Peralta, profesor de Prima de Matemáticas desde el 1709. Nació Peralta en Lima (26 noviembre 1663), en cuya Universidad estudió, ejerciendo luego la abogacía ante la Real Audiencia; falleció el 30 de abril de 1743. Conocía siete idiomas: griego, latín, inglés, italiano, francés, portugués y quechua. Escribió muchos versos, siendo sus maestros favoritos Góngora y Quevedo.