Encerrado en el monasterio de Sahagún, si abatido en un principio, recobró pronto el ánimo ante sentencia tan absurda y bárbara. Dedicóse a cultivar la poesía, afición de sus primeros años, escribiendo entonces sentidos versos, los cuales vienen a ser una paráfrasis del Miserere, que luego incluyó en su traducción de los Salmos de David.

Decía así:

Señor, misericordia; a tus pies llega

el mayor pecador, mas ya contrito,

que a tu infinita paternal clemencia

pide humilde perdón de sus delitos.

A mis oídos les darás entonces

con tu perdón consuelo y regocijo,

y mis huesos exánimes y yertos

serán ya de tu cuerpo miembros vivos.