mira que si nó, se cae

de la silla el monigote.

Conque adiós, señor padrote,

quien lo dijo ya se fué,

y pues bajar no podré

sin la venia de esta audiencia,

alma parens, tu licencia

pido para echarme á pie[840].

La poesía halló culto en casa de los hermanos Luis y Francisco Javier de Ustáriz, distinguiéndose, entre otros, Andrés Bello, poeta virgiliano y autor de Silvas Americanas[841], y Vicente Salias, que escribió el poema La Medicomaquia. No pasaremos en silencio el nombre de la poetisa María Josefa Paz del Castillo (en el claustro, Sor María Josefa de los Angeles), que solía imitar en sus poesías a Santa Teresa de Jesús, como lo indica el siguiente ejemplo:

Es mi gloria mi esperanza,