—Lindo estás por cierto, pareces un demonio (y así es en la realidad cuando se tiñen el rostro).

Oyó el indio con disgusto estas palabras, y flechando su arco, le asestó al pecho con una saeta.

Entonces el generoso Padre, desabrochando la sotana y jubón, le dijo:

—Apunta aquí para que no yerres el golpe, y quítame esta vida que tanto deseo sacrificar á Dios por amor tuyo.

Quiso, empero, el cielo recibir la oferta y no la ejecución del sacrificio, porque aquel bárbaro, atónito y lleno de confusión, al ver tanto aliento, no osó pasar más adelante.

Su empleo más continuo é infatigable, fué instruir á algunos mozos más despiertos, no sólo en las cosas de nuestra santa fe, más aún en el servicio de la iglesia y de las funciones sagradas, enseñándoles el canto eclesiástico y las otras sagradas ceremonias, ministerio de trabajo y tedio increíble y sólo tolerable de una grande caridad y celo ardiente, porque era necesario poco menos que hacerles mudar naturaleza, domesticándolos y desvastándolos poco á poco, corrigiéndolos sin exasperarlos, y tolerándolos algún tiempo mal acostumbrados y viciosos, para hacerlos totalmente otros diversos de los que eran al principio.

Y en este ejercicio duró, sin interrumpirle, hasta lo último de su vida; porque la esperanza del bien y frutos que veía se lograban en aquella su infatigable tarea, se la hacía no sólo tolerable, sino suave.

En tales obras de apostólica caridad con los prójimos, no se olvidaba de sí mismo, pues en medio de ser todas ejercicio de virtudes y aumento de méritos, era, no obstante, muy delicado en la observancia regular, portándose de suerte en las funciones de operario evangélico, que no se descuidaba un punto en la guarda de las santas leyes y constituciones de la vida religiosa, antes se retiraba muchas horas del día á vivir más perfectamente para sí, para después obrar con más fervor con los prójimos.

Era devotísimo de las santas almas del Purgatorio, á quien no solamente había hecho en vida liberal donación de todas sus buenas obras sino también después de su muerte, de todos los sufragios que por su alma se dijesen, reservando sus grandes culpas, como él decía, para pagarlas con las penas del Purgatorio.

Mas quiso Dios, por premio de ésta su heroica caridad, darle el Purgatorio en esta vida, para que así fuese mayor su corona en la eterna bienaventuranza, cargándole de tantas y tan graves enfermedades que le inhabilitaron del todo á ejercitar del todo nuestros ministerios con los neófitos, único conorte en sus tribulaciones, de suerte que solía él decir que de este mundo no tenía sino labor y dolor.