Llamóle, finalmente, Nuestro Señor, á darle el galardón de tantos trabajos y sudores, con una muerte propia de los santos, después de haber estado más de dieciocho años en estas Misiones, á los setenta y cuatro de su edad y cincuenta y tres de Compañía, en que había hecho la profesión de cuatro votos á 15 de Agosto de 682.
CAPÍTULO XXI
Breve descripción de la provincia del Chaco; costumbres y cualidades naturales de sus moradores, y fundación de una nueva Reducción en ella.
La provincia del Chaco es un vastísimo espacio de tierra de trescientas leguas de largo y ciento de ancho, situado entre las provincias del Tucumán, de los Charcas, del Río de la Plata, del Paraguay y de Santa Cruz de la Sierra, cercado por todas partes de una larguísima cadena de montes, que empezando á levantarse desde la ciudad de Córdoba del Tucumán, llegan hasta las opulentísimas minas de Lipes y Potosí; luego tirando á Santa Cruz de la Sierra, rematan en la gran laguna Mamoré.
Es el terruño en partes maravillosamente abundante y fértil, por causa de muchos arroyos ó riachuelos y dos grandes ríos que la bañan, los cuales, naciendo de las montañas, atraviesan y riegan el país: y después de muchas vueltas y rodeos desembocan en el gran río de la Plata y forman en gran parte su desmedida grandeza.
Sus moradores, en tiempos pasados, eran muchísimos en número, de suerte que en sólo el contorno de la ciudad de Guadalcazar, que hoy está destruída, se contaban más de cuatrocientas Rancherías de diferentes naciones y lenguas.
Las naciones más célebres son los Colchaquies, Tonocotes, Belelas, Mocobies, Tobas, Malbalaes, Mataguayos, Aguilotes, Chumipies, Amulalaes, Callagaes, Abipones, Payaguás, Guaycurús, Churamates, Ayoyas y Lules.
Es el temperamento de estas naciones ígneo y vivaz, la estatura más que mediana, las facciones del rostro algo desemejantes de las nuestras, de donde fácilmente se distinguen de los españoles y demás europeos; y cuando se tiñen de colores, que es muy de ordinario, están sobre manera feos, que parecen unos demonios; y sucedió, no mucho ha, en la ciudad de Santa Fe, que saliendo á pelear con unos Abipones un capitán que había militado en Europa, al verlos tan horribles, se quedó desmayado y sin fuerzas.
Cuanto al vestir, los hombres se ciñen por la cintura una faja de que cuelgan muchas plumas pendientes alrededor y en el resto desnudos: otros se ponen sobre todo eso una corona de plumas en la cabeza; y algunas naciones traen una como capa larga de cueros de venado, que llaman Queyapi, para defenderse de las inclemencias, y desde el cuello hasta abajo cuelgan una cinta emplumada sobre dicha capa.
Las mujeres se cubren algún tanto, lo que basta para no estar del todo desnudas.