Sobre tosco vasar, al que viste
colgadura de rojo papel,
un puchero que, si hoy tiene alpiste,
contuvo algún día riquísima miel.
Una escarpia sujeta en el techo,
y pendiente del techo un cordón
con un gancho torcido y mal hecho
del cual debería colgar un jamón.
Cinco latas de ricos pescados
que hace tiempo vacías están,
y entre tila, en un bote guardados,
algunos bizcochos del tiempo de Adán.
Tres botellas de vino pequeñas
(del que apenas se puede beber)
y otras tres del mejor Valdepeñas
que por mi desgracia se ha echado á perder.
Dentro de una cazuela de barro
avellanas, espliego y jabón,
y pegada en los bordes de un tarro
manteca de Flandes del propio Chinchón.
Seis ó siete chorizos añejos
procedentes de añejo rocín,
y las pieles de varios conejos
colgadas de un clavo, no sé con qué fin.
Junto á un plato que tiene tocino
y unos cuantos mendrugos de pan,
un cacharro con ajos, comino,
pimienta, guindilla, laurel y azafrán.
Dentro de una tinaja, una arroba
de garbanzos que apenas se ven.
Atrancando la puerta, una escoba
(porque es una puerta que no cierra bien),
y un boquete de medianería
que da paso á la luz y al calor.
¡No contiene más cosas hoy día
mi pobre despensa, querido lector!