Trinitarios y Carmelitas, los de Santa Eulalia, que así se llamaban los Mercenarios, y puede verse en la Hist. general de la Orden, por F. Alonso Remón, t. IV, l. II, f. 47. Véanse ambas Ordenes citadas en las Cortes de Alcalá de 1348; acaso, y sin acaso, se traían sus contiendas, como suelen, y más tratando de testamentos ó mandas. «Benedictus qui venit in nomine Domini», «bendito el que viene en nombre del Señor» (Mat., 21, 9: Marc., 11, 9; Luc., 13, 35; Juan, 12, 13), que cantaron á Jesús al entrar en Jerusalén con ramos y palmas.
Frayres de Santo Anton, de la Cofradía hospitalaria de San Antón, Orden dedicada á los enfermos, instituída en Viena del Delfinado en 1095 por Gastón, por promesa hecha al Santo si curaba á su hija Guérin del fuego sagrado ó de San Antón, ó erisipela, que hacía estragos entonces en Francia. En España entraron el siglo XII, y de ellos fué la casa de Madrid, al final de la calle de Hortaleza, que después se cedió á los de las Escuelas Pías. A caballeros y escuderos los despabila en dos magníficas pinceladas, porque la sátira va, sobre todo contra el estado clerical.
Siguen las monjas ó dueñas de orden, de traje blanco y negro. Pedricaderas, dominicas; menoretas, franciscanas. «Mane nobiscum, Domine, quoniam advesperascit», «Quédate, Señor, con nosotras, que ya cae la tarde», palabras de los discípulos en Emaus á Jesús (Luc., 24, 29). Por eso dice que tañen á completas, que es al atardecer.
Es la seña ó perdón de don Amor. Se adona, se adorna y engalana. Pero Niño, 1, 12: Muy apostado e devisado en sus traeres e adonábalos.
De aquí se saca la riqueza de París y Barcelona en aquel tiempo, y que las mejores telas eran francesas y los mejores caballos, españoles.