Trátale de cruel y desapiadado, pues sólo gusta de gente lozana, y más si son ellas, que les habla bien quedo, no le oigan otros, entre dientes, frase común.

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El rezo eclesiástico en el coro duraba en tiempo del Arcipreste. Fué siempre la institución más grandiosa del Cristianismo. San Isidoro (De offic. ecles.) pone su origen en el cantar que Moisés con los varones, y su hermana María con las mujeres, entonaron al salir libres los Israelitas del mar Rojo. San Ignacio lo introdujo en Antioquía (Nicéforo, Hist., l. 13), y de allí se derramó á todas las iglesias: el Santo vió en visión celestial cantar así á coros á los ángeles y bienaventurados delante de Dios. San Crisóstomo y San Basilio (Metafraste, Vid. Crisóst.; Surio, Vid. Basil., t. 1) mandaron colgar un velo en la iglesia para separar los coros de hombres y mujeres, cuando todavía el rezo cantado era de todos los fieles. San Dámaso distribuyó los 150 salmos en las horas canónicas por toda la semana, porque David, con sus salmos, fué el gran cantor religioso. Asperamente reprenden San Jerónimo y San Gregorio las músicas quebradas de los que cantaban canto de órgano, y San Gregorio la reprocha, teniéndola por invención nueva, como parece por los Cánones (Dist., 92, c. 1 y 2), y Juan XXII hizo una extravagante contra tales músicas y músicos. "Harto malo y de harto rota conciencia sería—dice un magnífico escritor del siglo XVI—el que delante de Dios, á quien está dando música, ordenase su canto para servicio del demonio." (J. Pineda, Agricult. crist., 14, 33.) Esto hacían los clérigos á quienes va á solfear el Arcipreste en esta vistosísima parodia, que con razón comienza comparando á los eclesiásticos aquellos con la gente soez de golfos y folguines, que todo lo echan á chacota y chocarrean de lo más sagrado. Golfines, ó juerguistas diríamos hoy, pues viene de holgar. G lee Golhynes, S folguynes, de folgar, como juerguistas. Golfines y golhynes son dos variantes ortográficas del diminutivo de nuestros golf-os, que son la gente vagamunda y maleante. Golfín es, además, el delfín, contaminado con golfo, con que se llamaba el mar. Conde Luc., 20: De lo que contesció á un rey con un golfín que dizia que sabia fazar alquimia. Golfo y golfín por maleantes vagamundos debieron de decirse por andar como delfines, á la que caiga, pescando, no cotufas, sino lo que se da en el golfo de este mundo. Advierto que ghulf حلف son en árabe los incircuncisos, por si alguien lo prefiere; pero no era mote para que los cristianos lo dieran despectivamente, siéndolo ellos. El Arcipreste pretende presentarnos garzones ociosos y chocarreros, que ayudan al Amor en su rezo, como si fuera un verdadero clérigo, haciendo chocarrerías amorosas con las frases de la Escritura. Con esto quiso pintar a tantos clérigos, como los de Talavera, que profanaban lo más sagrado. No son bufonerías impías del Arcipreste, como algunos creyeron, ni profanación del rezo eclesiástico; sino poner en solfa aristofanesca, de estilo fugado y de fino contrapunto, en escena plástica y teatral, lo que de hecho pasaba á tanta clerigalla de aquellos malhadados tiempos, achacándoselo todo al Amor. Con esos folguines ó golfines, que son los que odian la paz, los enemigos de Cristo, va afinando y templando el Amor el salterio ó lo reza hasta el cabo, pues afines sufre entrambos sentidos. Pudiera ser fines, y así no sobraría una sílaba del verso; pero habiendo afines en los tres códices, no me atrevo á corregir. "Cum his qui oderunt pacem eram pacificus", "fui pacífico con los que odian la paz" (Salmo 119, 7).—Diçes con sonajas e bacines: "Ecce quam bonum et quam incundum, habitare fratres in unum", "¡qué bueno y agradable es vivir bien aunados los hermanos!" (Salmo 132, 1). Bacín era palangana de oro, plata ú otro metal. Crón. Juan II, c. 129: Puso un bacín de plata..., y en aquel bacín fué echado asaz dinero. También, como hoy, era otro vaso de no excusado menester como se lee del de plata que usaba el príncipe D. Juan, hijo de los Reyes Católicos, en el Libro de la Cámara Real del mismo príncipe, que escribió F. G. de Oviedo: "En el retrete estaba un bacín de plata, en quel Príncipe se sentaba, para lo que no se puede excusar" (pág. 27). Este valor es el que hoy conserva, y quién sabe si lo tenía presente el Arcipreste, si nó, servían aquí de platillos ó chapas para tocar. Estas coplas son de lo más original é irónico que pueda caber en la cabeza de un poeta satírico.—"In noctibus extollite manus vestras in sancta", "alzad por las noches vuestras manos hacia la Santidad" (Salmo 133, 2). Este es el último salmo que se reza en Completas, último rezo del día, y por eso dice que después vas á matynes, ó rezo nocturno. Tal es el trato de los clérigos con los golfos; ahora vienen otros más dulces tratos.

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Bien claro se ve aquí ser un clérigo de carne y hueso el que pinta el Arcipreste en el Amor personificado. Comienças á levantar del lecho, do tu amiga mora. Fantaséeselo como quiera el lector. ¿Vive la amiga en el mismo barrio, pared en medio ó bajo el mismo techo? ¿Pasó por casualidad aquella noche el clérigo do su amiga mora?—"Domine labia mea aperies et os meum anuntiabit laudem tuam", "abrirás, Señor, mi boca en tus alabanzas", que es el Salmo 50, 17, con que comienza todo rezo eclesiástico, y aquí los Maitines ú horas canónicas, que se rezaban de noche.—En alta boz, clara voce, que dice la Rúbrica ó advertencias en letra roja, que se ponen en el Misal y Breviarios ó libros de rezo.—"Primo dierum omnium | quo mundus extat conditus", "el primer día de todos, en que fué creado el mundo". Así comenzaba el himno de San Gregorio, que se cantaba en los Maitines de algunas dominicas. Hoy es el más ordinario de Maitines, pero cambiados estos dos primeros versos, de esta manera: "Primo die quo Trinitas | beata mundum condidit", "el primer día que la beata Trinidad creó el mundo". A este himno pertenece el Nostras preces ut audiat, "que oiga nuestras oraciones". (Nebrija, Aurea hymnorum expositio). La que ha de oir y despertar es la amiga, con el tocar de los estrumentes, ó, como trae S, estormentos, trastrueque vulgar de mejor pronunciación y que retiñe á es y tormentos, porque los instrumentos músicos despiden todo tormento y pena; así en el Poema Alf. XI. Qué estormentos sean esos, échese á discurrirlo cada cual: el caso es que la despiertan á la otra, que á ella iba enderezado, más que á Dios, el Nostras preces ut audiat, "que oiga nuestras preces".

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En sintiendo á ella, que ha acudido ó despertado, espacias y alegras tu corazón.—Cantate, cantad juntos con matina, ó, como trae S, con la maytinada, para entrar en calor en las friuras laçias. Friura, en el Poema Alf. XI. Maytinada era el tiempo de cantar maitines, de once ó doce de la noche en adelante, de suerte que es lo que llamaban modorra ó segunda parte, ó vigilia ó cuarto, de los tres en que se dividía la noche para los que velaban, por ser el tiempo en que la cargazón del sueño amodorra más.—Prima era la primera parte, desde las ocho hasta las once, y alba, la tercera.—Friuras laçias, fríos ásperos. J. Pin., Agr., 6, 11: Según que fuere más ó menos la de la friura del aire. El valor de laçio por áspero es el etimológico. (Véase Cej., Tesoro L., 33.).—Cantad (cantate) los laudes, ó rezo que sigue á los Maitines, al alborear del día (aurora lucis), y con ello le das á ella, más que á Dios, las gracias.—La frase aurora lucis, "en la aurora del día", está tomada del himno "Aurora lucis rutilat | coelum laudibus intonat, | mundus exultans iubilat | gemens infernus ululat", que se cantaba en Pascua de Resurrección (Nebrija, Aureo hymnor. expos.).—Con el "Tu autem, Domine, miserere mei", "Tú, Señor, apiádate de mí", que dirás en lugar del final común "Tu autem, Domine, miserere nostri", "apiádate de nosotros", así como responden en el coro: Deo gratias, ella te las dará a ti, y le serás en gracia, te le engracias, esto es, le caerás muy en gracia. La quieres para ti solo: nada tienen que ver los demás del coro con esta tu pieza bien cobrada.

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Con el "Deus in nomine tuo salvum me fac", "Dios mío, sálvame por tu nombre" (Salm. 4, 1), con que comienza el rezo de prima, ruegas, no á Dios, sino á tu alcahueta, que esto es lo que vale xaquima (c. [926]), que haga ir a tu prójima (que debe de ser moza de cántaro, pues luego le contrapone las que no callejean) á traerte agua y que disponga las demás cosas que le tienes encomendadas, ya sea la alcahueta, ya la prójima. Así con achaque de traerte agua, viene la buena moza a verte de par de mañana. La alcahueta ó xaquima díjose del llevar, como del ronzal, á los dos amantes; aquí es á ella, y por eso emplea el verbo llevar, la lieve, como si fuera burro aguadero, por agua para el reverendo clérigo. Con lo cual la mala esquima de tu amiga va á verte á casa en achaque de agua.—Dar cima, acabar, hacer. Quij., 1, 21: Y ninguno le dará fin y cima. En el 4.º verso, T dice: á fablarte á lesquina; G: á verte mala te escriv. No lo entendieron los dos códices. Si en esquima de S no hay errata, ha de interpretarse como el antiguo esquimo, que es el esquilmo, el fruto y provecho que se saca de campos y ganados, de quilma, costal con que se cogen y guardan esos provechos. Como de todas maneras, aquí hay un calificativo de la amiga, puede ver en esquima cada cual lo que más le agradare. Quima, en Santander, es rama. ¿Diría la mala quima, pues ram-era salió de rama? ¿O alude á ser ella el esquilmo ó esquilma, esquimo ó esquima que el verde clérigo sacaba? O, como quilma y quima es costal ¿diría la mala quima? No se me alcanza más. Corr., 369: Cuando Dios da la harina, el diablo llevó la quilma (el costalejo).

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