—Si no es imposible, es muy difícil que las sombras te trasmitan sus ideas; no caben en ningún idioma de los que hablan ni hablarán los vivientes. Por esto el comercio mental entre las sombras y nosotros no se acrecentará jamás con el andar de los siglos. Muchas leyes de las que gobiernan el mundo que vemos descubrirá el hombre con el tiempo; pero del mundo que está más allá de nuestros sentidos, aunque nos rodea y nos penetra, se descubrirá poco ó nada. Lo mismo que se sabe hoy se sabrá después que el sol y la bóveda del cielo hayan veinte mil veces producido con sus acordes movimientos la variedad alternada de las estaciones.

—Te confieso que lo que no logra en mí la desesperación, el cansancio de la vida, tal vez lo logrará un día la curiosidad. Á veces deseo la muerte para iniciarme en esos grandes misterios; pero encontrados sentimientos me combaten. Esos mismos grandes misterios me llaman á conocerlos, me excitan, me atraen y me aterran.

—Son, en efecto, pavorosos.

—¿Llegaré á tener más luz sobre ellos en esta vida?

—Lo ignoro.

—Voy á declararte un proyecto que tengo y que he de realizar inmediatamente. Estoy decidido á hacer una larga peregrinación. Quiero ir á Bactra, á la patria del gran profeta Zoroastro, y anhelo iniciarme en los misterios antiquísimos de Mitra. Tal vez allí descubra yo un medio de comunicar más íntimamente con las sombras, y con otros seres que, no tomando jamás cuerpo humano, hayan permanecido hasta hoy ocultos á nuestra mente. ¿Imaginas tú que existan estos otros seres?

—No lo imagino sólo, lo doy por seguro. Apenas conocemos algo de lo que nos rodea merced á los ojos, al oído y al tacto; pero estos mismos sentidos más aguzados, ú otros sentidos, que no acertamos siquiera á imaginar, nos pondrían sin duda en comunicación con infinidad de seres que hoy viven aislados de nosotros, aunque de continuo nos circundan. En el aire, en el agua, en el fuego, en la luz, en las tinieblas hay, á mi ver, inteligencias recónditas, seres vivos de una naturaleza superior á la nuestra, genios emanados de Ahura-Mazda ó del Espíritu contrario, poderes benéficos ó maléficos, que tal vez influyen en nuestro destino.

—¿Podemos dominar á algunos de esos seres y obligarlos á que nos obedezcan y sirvan?

—Á los buenos y luminosos no podemos, porque provienen de un principio soberano intransmisible; pero podemos dominar á los malos y hacer que nos sirvan, ora ligándolos con el Espíritu contrario al bien, y comprándole esa potestad á expensas de nuestra servidumbre, ora por favor del mismo Ahura-Mazda, que concede esa potestad á los varones virtuosos y sabios. Por lo dicho comprenderás que la magia es de dos maneras, y los conjuros pueden ser eficaces, ya en nombre del principio luminoso, ya en nombre del rey de las tinieblas.

—Á la hora del medio día, cuando el sol está en toda su fuerza, cuando los hombres duermen y reina el silencio, he vagado por las selvas solitarias; en el horror de la obscura noche he acudido al lugar de los sepulcros, donde mis mayores se dice que descansan; pero ni he visto ni he oído sombra alguna, ni espíritu, ni genio. He vertido en las tumbas el Soma sacrosanto, leche y manteca clarificada: he llamado á los Anses, á los héroes antiguos. No me han respondido, ni han dado señal de quedar satisfechos de las libaciones. ¿He cometido algún crimen, ó soy de tan baja y vil naturaleza que no merezco acercarme á lo superior y á lo divino? ¿Por qué ha de abrasarme entonces esta sed inextinguible de lo divino y de lo superior? Si toda la naturaleza está poblada de virtudes, de genios, ¿cómo es que permanece siempre desierta para mí? Oigo el bramar de los vientos, el murmullo de las aguas; veo la esfera celeste; veo la tierra cubierta de frutos, plantas y animales; veo y oigo, en suma, cuanto ve y oye el más abyecto de los mortales; pero, ¿no merezco más? ¿No valgo más?