Otro día analizaré el otro drama que he citado, que se titula El maestro de Palmira, y que aún me parece más extraordinario.
EL MAESTRO DE PALMIRA
——
AL escribir Tirso y Calderón El condenado por desconfiado y La devoción de la Cruz, en todo lo sobrenatural que allí se representa, pusieron la realidad más evidente. Los altos designios de Dios figuran muy por cima de los ensueños que forjan ó pueden forjar los personajes de ambos dramas. Ningún ser sobrehumano aparece y ningún milagro se realiza como ilusión de la mente, entre las sombras de un delirio febril, sino á la luz meridiana, bajo cielo despejado y sin nubes. Así las ninfas y los genios se aparecían á los héroes griegos en las edades divinas. Así los ángeles, in ipso fervore diei, visitaban y hablaban á los antiguos patriarcas.
Sin duda, la falta de fe y la corrupción del siglo presente provocan el desdén hacia nosotros de todos los espíritus puros de más limpia y noble naturaleza; sin duda que ahora, como al declinar el paganismo decía el poeta gentil, puede decir también el poeta cristiano:
| Quare nec tales dignantur visere cœtûs. |
| Nec se contingi patiuntur lumine claro. |