Dice Ud. que nada sale de la nada, y que la sustancia, la materia prima, lo que es, llámese como se llame, existe ab aeterno. Sea así. Aunque se me ocurre una grave dificultad, no quiero reparar en ella. Toda la sustancia ha estado en el caos hasta que el universo empezó á formarse. Salió del caos el calor, salió la luz y empezó el progreso. Si supusiésemos ó imaginásemos que antes de este universo progresivo, y antes del caos, hubo algún otro universo que volvió á dicho caos, todo nuestro sistema se hundiría. Adiós, progreso seguro, infalible y sin fin. Así como pudo destruirse otro universo anterior, podría éste destruirse también, y entonces todas nuestras esperanzas de inmortalidad saldrian hueras. Volveríamos al caos todos. Decidamos, pues, que no ha habido ni podido haber otro universo sino el presente, y que antes de él sólo hubo caos eterno, hasta que, hará un millón, un billón ó más de años, se le antojó al caos organizarse, convertirse en universo y ser progresista.

Aquí tropiezo con otra dificultad; pero voy á dar un rodeo para pasar adelante y no quedarme atascado en medio del camino.

En el caos estaban, en potencia, en germen, el calor, la luz, la vida, la inteligencia, la conciencia, etc.; pero desde el germen al desarrollo, desde la potencia al acto, hay una distancia, hay un abismo que no se rellena con el tiempo sólo. Por muchísimos siglos que pongamos entre un ser que casi es no ser, entre el caos ó la materia prima y el universo de ahora, no pondremos puente, y será menester dar un salto audaz é inexplicable.

En el caos estaba el germen de todo, como en la bellota está el germen de la encina; pero, así como la bellota se quedará bellota y no llegará á ser encina nunca si no le dan jugos la tierra, el agua y el aire, y luz y calor el sol, así también el caos se hubiera quedado caos sin algo extraño que moviese sus gérmenes. Ponga Ud. el caos como quien pone un huevo; pero, si alguien no le empolla, huevo se quedará y no saldrá de él pajarillo. Repito, con todo, que yo soy de buen componer, y hago la vista gorda, y paso porque el caos, por sí y ante sí, sin nada de fuera que lo sacuda, tiene en un momento memorable el capricho de organizarse y de dejar de ser caos.

Lo primero que el caos saca entonces de sí mismo es una cosa que Ud. llama agente cósmico ó causa creadora, como si dijéramos, un demiurgo.

Raro é inexplicable ser es este demiurgo. Tiene poder é inteligencia, y no es persona. Desde que aparece hasta hoy, su inteligencia y su poder van creciendo, pero sin llegar nunca á la personalidad y á la conciencia. La conciencia y la personalidad sólo aparecen en nosotros y sólo están en nosotros: los hombres.

Mucho queda que andar al caos y al demiurgo ó agente cósmico, que en él reside, para llegar á producirnos, á nosotros, seres humanos. Dejo de señalar aquí los pasos que dan caos y demiurgo; y si alguien quiere saberlos, le remito á la Historia de la creación de los seres organizados, donde Ernesto Haeckel lo explica todo con tanta puntualidad y exactitud como si hubiera seguido la pista al demiurgo y hubiera presenciado sus hábiles é inteligentes, aunque inconscientes, operaciones.

Baste saber en compendio que, allá en la edad primordial, nuestro padre común fué el protoplasma, organismo sin órganos: un moco, con perdón sea dicho. Este moco, que no era moco de pavo, va progresando, á través de las edades, y llega á ser gusano, con forma de saco. A fuerza de trabajar y luchar por la vida, consigue luego el gusano tener vértebras, pero sin cráneo ni sesos aún. Luego se proporciona cráneo y sesos. Más tarde adquiere mamas ó tetas. En seguida vienen los marsupiales, transición entre el ovíparo y el vivíparo. Síguese el animal que ya pare de veras, y de aquí el mono, y luego el mono catarrinio y con cola, durante el período eoceno; el catarrinio pierde, en el mioceno, la cola; y, por último, en el periodo plioceno, surge el hombre pitecoide, alalo ó sin palabra. De este hombre pitecoide nacen luego, siguiendo el progreso, los ulotrixos, ó gente de pelo crespo, y los lisotrixos, ó gente de pelo liso; y de éstos, todas las razas humanas, de las cuales las más bien dotadas, hasta hoy, parecen ser las euplocamas, ó de cabello suave y con bucles; y de estas gentes euplocamas, las más nobles son las que vinieron á establecerse á orillas del Mar Mediterráneo, á saber: semitas, vascos, indo-europeos y caucásicos.

Yo acepto todo esto como si no hubiese la menor objeción que hacer.

Tenemos, pues, los datos para nuestra filosofía. Filosofemos.