Da Ud. tales señas y tales pruebas sobre dichos cuerpos fluidos, que es menester creer ó reventar, como vulgarmente se dice.
El gran sabio inglés Guillermo Crookes, de la Sociedad Real de Londres, acude muy á tiempo en auxilio de Ud. con su radiómetro. La sustancia contenida en el tubo de vidrio del aparato llega al más asombroso estado de rarefacción, y despliega entonces sus propiedades y su energía. Esto es lo que llaman materia radiante, pero inorgánica. Y Ud. raciocina con excelente lógica al suponer que hay otra materia radiante orgánica, y que de ella están confeccionadas nuestras almas. Esta materia radiante orgánica ha de ser más difícil de estudiar, á causa de su extrema sutileza; pero, á lo que Ud. asegura, el citado sabio Guillermo Crookes, que rarifica la materia, acertó á condensar un espíritu que iba de tapadillo á oir sus lecciones, y logró hacerle patente á los ojos de todos sus discípulos. Siete fotógrafos que estaban allí, con sendas máquinas ó cámaras oscuras, sacaron retratos del espíritu desde diversos puntos de vista.
Ya, pues, no cabe duda. Hay seres monocorpóreos, como Ud. los llama, organismos sutiles inteligentes, cuerpos fluidos vivos, que se han visto y que hasta se han fotografiado.
Con estos cuerpos se explica todo, y el progreso individual no es quimera. Hasta se me pasa el susto, que yo había tenido á veces, de que todo este trabajo que estamos dando los hombres, fuese inútil para nosotros, porque pudiese sobrevenir otra raza que fuera con relación á nosotros lo que nosotros somos con relación al gorila, y que nos mandase á paseo ó tal vez nos destruyese. Ahora ya importa poco esto. Nuestros cuerpos fluidos inmortales saldrán ganando siempre, y tendrán por estuche ó envoltura, si nueva raza aparece, cuerpos sólidos más gallardos y primorosos.
En el movimiento ascensional y en la transformación de las especies, lo que hay en nosotros de individual (el cuerpo fluido) saldrá siempre mejorado.
Me parece que Ud. sabrá, como yo, que no fué Darwin el primero á quien se le ocurrió el transformismo. Ya desde muy antiguo le habían imaginado otros sabios. Algo indica de ello el ilustre Juan Bautista Porta en su Magia natural; y todavía es más explícito, aunque vivió mucho antes, en tiempo de León X, el elegante y docto poeta Fracastoro, el cual expresamente predice que aun han de aparecer en su día y sazón nuevos seres.
Certa dies animalia terris
Mostrabit nova: nascentur pecudesque feracque,
Sponte sua, primaque animas ab origine sument.
Y para salvar la dificultad y quitarnos el recelo de que si los seres nuevos son de naturaleza superior y titánica, nos dejen vencidos, acoquinados y humillados, Fracastoro tiene cuidado de advertir que las almas de estos titanes serán las mismas que ya informaron ó que informan hoy seres de orden inferior, pues no es otra la interpretación que debemos dar al primaque animas ab origine sument.
Vengan en hora buena nuevas castas más briosas y adelantadas. Nuestros cuerpos fluidos las animarán, y cada día irán haciéndose más listos y aprendiendo más habilidades. Lo que hasta hoy no ha logrado hacer sino tal cual sujeto muy aventajado, lo hará en las venideras edades cualquiera niño de la doctrina.
Hasta hoy, y va de ejemplo, sólo sabios de primera magnitud, como Pitágoras, Apolonio de Tyana, Hermotimo de Clazomene, Miss Wilkinson, profetisa yankee, y ciertos anacoretas del Tibet, aciertan á desprenderse de sus cuerpos sólidos cuando se les antoja, y van á millares de leguas de distancia para saber lo que sucede allí, ó para hacer una visita á un amigo, ó para acudir á algún negocio urgente y volverse al cuerpo sólido. En lo futuro, hasta las personas menos distinguidas y más ignorantes harán esto con la misma facilidad con que se beben ahora un vaso de agua. Así es que, á primera vista, como todo se hará con maravillosa rapidez, parecerá que habremos adquirido el don de la ubicuidad.