Jam nova progenies coelo demittitur alto.

Esta habilidad de escaparse de la tierra é irse por el éter, de mundo en mundo, es aún rarísima en nuestro globo. Lo que es yo no sé sino de un hombre de quien se pueda creer que la ha tenido: el famoso filósofo sueco Manuel Swedenborg. Sabido es, no obstante, que este varón admirable no acertó á pasar de nuestro sistema planetario; y si bien le recorrió casi todo, sus visitas más frecuentes fueron á Mercurio, que está cerca, y cuyos habitantes están más adelantados que nosotros, aunque por lo mismo ni nos estiman, ni nos quieren bien. En cambio, en Venus, donde Swedenborg también estuvo, es cosa de no poder vivir siendo persona decente, porque Venus está poblada de una raza descomedida y grosera de gigantes, que no piensan en nada elevado y bueno, sino en holgarse por manera bestial y sucia.

Como quiera que ello sea, lo que sí es lícito afirmar es que dentro de pocos siglos hará cualquiera ser humano de esta tierra lo que hizo Swedenborg pocos años há, con general asombro de los nacidos. Es más: la mayoría de los seres humanos nos adelantaremos á Swedenborg, y dispararemos nuestros cuerpos fluidos mucho más allá de la órbita de Urano á través de los frigidísimos espacios intersiderales, é iremos á parar en planetas de mil soles remotos.

Creo que Ud. ha de confesar que me muestro enterado de su doctrina, y que voy llegando bien á las últimas consecuencias, sobre las cuales he de dar mi opinión. Hoy ya no es posible, porque se ha hecho larguísima esta carta. El lunes que viene escribirá á Ud. de nuevo su afectísimo amigo y admirador.

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2 de Abril de 1888.

III

Según lo que va expuesto, se cumple por arte indefectible hasta hoy, y es de esperar que siga cumpliéndose en lo futuro, la ley del progreso que Ud. afirma y que nos lleva hacia la perfección.

Todos los problemas que Ud. procura resolver en su libro tienen el mayor interés para mí y me atraen y me encantan. El libro de Ud. me gusta. Lo digo sin la menor ironía.

Entre gustar de un sistema, admirando el saber y el esfuerzo de imaginación con que fué construído, y creer en él y darle por cierto, hay enorme diferencia. De esta distinción, que me parece que no se quiebra de sutil, no se han hecho cargo muchas personas que han leído las dos primeras cartas que he escrito á Ud., y han supuesto que yo me burlaba.