IV

Muy estimado señor mío: No pocas veces he hablado yo con risa de la propensión de cierto amigo mío, á quien, sin embargo, respetaba y amaba, á quejarse de que se lo sabía todo y de que no leía libro, por celebrado que fuese, que le enseñara algo nuevo; pero, considerando esto como debe considerarse, no hay fundamento para la risa. Mi amigo no se declaraba omniscio, ni mucho menos. Lo que quería decir, lo que decía, tal vez con razón, es que, prescindiendo de datos menudos, si despojamos de su aparato magistral más de un tratado científico, casi siempre hallamos que nos sabíamos todo aquello: que ya, más ó menos vagamente, lo habíamos pensado. El autor del tratado no pierde por esto en nuestra opinión. Lo que se pierde es la fe, lo que se pierde es la esperanza en la ciencia. De aquí se origina muy aflictivo desconsuelo.

¿Quién ha de negar lo ingenioso de las palabras de Herbert Spencer que hemos citado? En ellas se ve patente la posibilidad teórica de la vida inmortal en un organismo. No ya un cuerpo etéreo, como el de que Ud. trata, sino un cuerpo sólido humano puede teóricamente ser inmortal, dadas ciertas condiciones. La vida es equilibrio movible. Mientras se conserve éste, se conservará la vida. Las fuerzas que han de equilibrarse son las internas ó del organismo, y las externas ó del medio ambiente ó environment. El vivir estriba en esta correspondencia.

Despoje Ud. de su majestad y método la Biología de Herbert Spencer, y casi parece, con perdón sea dicho, que la ha compuesto Pero Grullo. Claro está que si una persona adapta bien su organismo al medio ambiente, ni se morirá de frío, ni de calor, ni cogerá un tabardillo pintado. Si, por otra parte, dicha persona repone, con alimentos exquisitos y haciendo digestiones inmejorables, las fuerzas que consume en el trabajo ó ejercicio mecánico de los músculos, ó en el trabajo mental de los nervios y del encéfalo, no hay razón para que estas fuerzas se gasten. Seguirán siendo las mismas, ó irán en aumento. Y si van en aumento, las empleará en crecer, y, cuando ya no crezca, á fin de no reventar, dejará que se escapen las fuerzas que sobren por la válvula de seguridad, predispuesta para el caso.

El sabio biólogo compara el cuerpo humano á una máquina de vapor. El vientre es la caldera, el carbón el alimento, y el vapor la sangre que mueve los músculos ó los nervios, ya para sacudir puñetazos, ya para escribir poemas ó resolver ecuaciones. Lo que sobra de este trabajo sale silbando de la máquina de hierro ó sale procreando del cuerpo del hombre. Cuando éste no anda bien, ora se gastan en títeres las fuerzas, y el hombre es un Hércules estúpido; ora se gastan en discurrir, y tenemos un sabio enclenque, anémico y cacoquimio; ora se consume todo en sabidurías y lucubraciones mentales, y el doctor tiene que contentarse con la posteridad espiritual: con adeptos y discípulos en vez de hijos. Herbert Spencer no se resigna, con todo, á que se pierdan ó se menoscaben unas aptitudes para que otras se desenvuelvan, y juzga posible, con hábil higiene, que todo vaya á la par y que sirvamos para todo, y hasta que progresemos.

El único progreso á que pone límites, y que sin pena se conforma con que no siga, es el de la fuerza muscular. Con la maquinaria la supliremos. Herbert Spencer se contentará con que seamos más ágiles, con que bailemos y brinquemos mejor, y no tropecemos, ni nos caigamos. En cuanto á las otras facultades más altas, el discurso y el sentimiento, el pensar y el amar, casi debemos decir como Júpiter:

His ego nec metas rerum nec tempora pono;
Imperium sine fine dedi.

Nuestros sesos irán pesando más cada día, y cada día habrá en ellos más enmarañado laberinto de circunvoluciones y mayor cantidad, consumo y despilfarro de fósforo.

Y ¡ay infeliz del que no adquiera todo esto! Carecerá del esencial requisito para vivir. Sucumbirá en la lucha por la vida. Sólo quedará en la tierra una raza humana superior y archilista, extinguiéndose las demás razas.

Pero esta raza humana superior, como sabrá adaptarse cada vez más al medio ambiente, si no logra la inmortalidad, logrará ser macrobiótica; esto es, tendrá vida grande y más completa, por la intensidad, por la duración y por las nuevas, variadas y numerosas correspondencias con el medio ambiente ó environment.