Pero llegas....., y el agua,
El bosque, el cielo mismo,
Es como una explosión de mil colores,
Y el aire rompe en sonorosos himnos.
Así la primavera
Del trópico vecino
Desciende, y canta repartiendo flores
Y colgando en las vides los racimos.
¡Cuán suenan gratamente
Acordes, en un ritmo,
Del agua el melancólico murmullo
Y el leve susurrar de tu vestido!

Difícil es dar á conocer á un poeta citando así trozos arrancados de sus obras. Más que darle á conocer es esto despedazarle. Por eso no gusto yo de hacer muchas citas.

A más de excelente poeta lírico me parece Ud. buen poeta narrativo, según el testimonio brillante que de ello da en la leyenda de Santos Vega. Las décimas en que está escrita esta leyenda son no menos fluidas, bien hechas y ricas de rimas que las décimas empleadas por Núñez de Arce y por Velarde en descripciones y narraciones. Las de Ud. tienen además para mí algo de peregrino y nuevo: me pintan, con el colorido y la precisión de la verdad, la pampa y la vida primitiva de sus habitantes; me traen como un aroma sutil de sus flores y un eco suave y adormido de sus músicas y de sus rumores misteriosos.

Santos Vega es el payador de larga fama: el más celebrado poeta, cantor y tocador de guitarra que ha habitado en la pampa entre los gauchos. Su contienda con otro trovador exótico, medio hechicero, que aparece obrando prodigios, y el triunfo de este nuevo trovador sobre el antiguo, que muere de pesar del vencimiento, todo es sin duda simbólico: es el triunfo de la vida moderna, y de la industria, y de los ferrocarriles, y de las ciudades, sobre el modo agreste de vivir en lo antiguo, en aquel florido y verde desierto, en aquella extensa llanura que los Andes limitan; pero si bien Ud., como poeta, lamenta la pérdida de un poco de poesía, harto deja conocer que sobre esa poesía perdida, si es que se pierde, ha de florecer otra, y ya florece en la mente y en el libro de Ud., que vale muchísimo más que la del payador Santos Vega.

Justo es, no obstante, que Ud. dé á Santos Vega las alabanzas que merece, por más que, al dárselas, se las dé escribiendo tan preciosa leyenda, y dándole envidia de la que el pobre Santos Vega sería capaz de morirse, si ya en la lucha con el trovador y mago intruso no hubiera muerto.

Como por el retrato veo que es Ud. joven, espero que seguirá escribiendo poesías líricas y leyendas no menos bonitas que las que aquí con tanta justicia he celebrado.

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16 de Abril de 1888.

Á D. Enrique García Mérou

II